Domingo 19 DE Agosto DE 2018
Opinión

El misterio que puede clausurar la eterna transición

El Ministerio Público, luego de un largo periodo en que prácticamente pasó desapercibido desde su creación en 1993, cobró relevancia en la vida institucional del país en las últimas dos administraciones.

— Manfredo Marroquín
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La próxima semana tendrá lugar el traspaso de mando en el Ministerio Público con la toma de posesión de la nueva Fiscal General Consuelo Porras, elegida por el presidente Morales para suceder a Thelma Aldana, luego de un largo y complejo proceso de selección que tuvo un nivel de vigilancia ciudadana como ningún otro proceso anterior.

El Ministerio Público, luego de un largo periodo en que prácticamente pasó desapercibido desde su creación en 1993, cobró relevancia en la vida institucional del país en las últimas dos administraciones de Claudia Paz y Paz y Thelma Aldana, quienes por fin abrieron investigaciones de casos de gran impacto que rompieron con la racha de ineficiencia y complicidad en que se desenvolvió el MP sus primeros quince años de vida.

Para un país que por cortos periodos de su vida republicana ha vivido en democracia, las funciones asignadas a este Ministerio eran como un implante que no se adaptaba al resto del tejido institucional. La impunidad y la violencia ejercidas desde el poder fueron la constante a lo largo de casi toda nuestra historia y por ende contar con un ente independiente que investigara al poder mismo, era un contrasentido en los regímenes militares e incluso en los primeros gobiernos civiles que gozaron de amplia discrecionalidad para el ejercicio de su poder.

Tuvo que ser con el auxilio de un ente internacional, la CICIG, que el MP dio sus primeros pasos hacia el cumplimiento de su misión institucional, cosa que parecía imposible y hasta extraña para llegar a ser una realidad en un país donde el 98 por ciento de los delitos solía quedar en la impunidad.

La selección de la nueva fiscal, María Consuelo Porras, una profesional con carrera en instituciones de justicia, y con reputación de un ejercicio profesional independiente abona a pensar que con una tercera administración al hilo al frente del MP, con un buen desempeño, esta institución pueda consolidar los avances y progresos en la persecución de delitos, incluidos los de corrupción que tantos recursos le han robado a la inversión pública en infraestructura y servicios.

La herencia que deja Thelma Aldana acompañada de CICIG, es mayúscula en términos políticos e institucionales, al haber roto con el paradigma del continuismo partidario basado en inversiones millonarias que llevaban siempre al opositor concertado a retomar el modelo de expoliación de los recursos públicos vía la cooptación institucional por redes político-económicas que se alternaban los macronegocios.

Esta alteración en el sistema político ya tuvo su primer cambio de conducta en el voto ciudadano en el 2015, cuando una amplia mayoría rechazó a los candidatos del sistema político rentista puesto en vitrina por las investigaciones criminales. Para mala suerte de los electores, el outsider que se presentó como alternativa a lo tradicional resultó más de lo mismo evitando iniciar un proceso de reformas económicas, políticas e institucionales que son de urgencia nacional ante la debacle de los viejos modelos ya colapsados.

La lucha contra la corrupción y la impunidad lideradas por esta institución nacional con el acompañamiento de CICIG, se perfilan como la gran partera de nuevos liderazgos y activación de la participación ciudadana que conduzcan al país a nuevos derroteros que cierren por fin la inacabada transición iniciada en 1985, que se ahogó en los desmanes y abusos de poder de la clase política tradicional.