Viernes 18 DE Octubre DE 2019
Opinión

Derechos políticos amenazados

La libertad de expresión y asociación de la sociedad civil organizada constituyen un obstáculo y un riesgo para continuar su sistema de enriquecimiento.

Fecha de publicación: 05-05-18
Por: Paula Irene del Cid Vargas / laCuerda

En esta semana cuatro mujeres fueron asesinadas en El Búcaro, que –como otros barrios del país– vive en un auténtico régimen de toque de queda; las calles fueron tomadas por cientos de personas que apoyaron en clave fascista a un presidente autoritario y amenazante; en el Congreso se presentó la iniciativa de Ley 5257 que, bajo el argumento de la fiscalización financiera, intenta coartar de manera discrecional la libertad de asociación y de acción.

Manipulación, mentira y represión en forma de ilegalización, desaparición, asesinato selectivo o masivo, son parte del repertorio de estrategias que se han utilizado históricamente en este país para crear terror y ejercer control sobre la población.Bajo el sistema capitalista, negociar horas y condiciones laborales es propio de una democracia liberal, lo oxigena. Pero para un empresariado como el guatemalteco, anclado en el colonato, lo mínimo es demasiado. Necesita mentir y crear opinión pública a su favor. Así, el Decreto 40 del 10 de agosto de 1954, bajo la excusa de la reorganización administrativa del Estado y de las instituciones y para “el desenvolvimiento democrático del país”, disolvieron dieciséis organizaciones sindicales y políticas.

En los años setenta, Sonia Oliva, sindicalista de ACRICASA decía que las máquinas “tenían todo lo que necesitaban para funcionar las 24 horas al día, sin problemas ni fallas, pero nosotros no. Una máquina se descomponía y un mecánico venía corriendo en segundos. La máquina tenía todo, la gente nada”. Reflexiones peligrosas, ella se exilia y su compañera Florencia Xocop Chávez, es detenida y desaparecida. El historiador, Edgar Ruano documenta más de 160 sindicalistas desaparecidos, torturados o asesinados entre 1966 y 1994.

Luego vino la guerra contrainsurgente y la tierra arrasada. En ese contexto, Dinora Pérez, a sus veinte años, había sido sindicalista del Banco de Occidente y a los 28, después de renunciar al PSD, conformó junto con otras compañeras, el Instituto de la Mujer “María Chinchilla” para influir en los cambios, para hacer de la sociedad guatemalteca una más humana. Consideraba necesario democratizar las relaciones entre los seres humanos, en el país y en la casa, creía en la construcción de una vida de armonía, de paz, que el ser social no debe negar al ser individual y viceversa. Pensaba que era “necesario partir de nuestras raíces indígenas y reconocer la interacción con lo occidental” y le parecía injusto que como sociedades latinoamericanas subsidiáramos a la economía del norte. Dinora fue asesinada el 29 de abril de 1991. Para Thomas Stroock, entonces embajador estadounidense, su asesinato tuvo el propósito de evitar que, posterior a la firma de la paz, la izquierda tuviera estructuras organizativas legales que se constituyeran en competencia política de la derecha en los períodos electorales.

Corresponde estar atentas, porque las fronteras entre acción empresarial, organizaciones mafiosas y estructuras policiacas y militares se encuentran difuminadas, y la libertad de expresión y asociación de la sociedad civil organizada constituyen un obstáculo y un riesgo para continuar su sistema de enriquecimiento.

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