Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Álvaro Arzú

“Que cerca sentimos a algunos que están muertos; y que muertos nos parecen otros que aún viven”. Wolf Biermann.

— Danilo Parrinello
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La sentencia de W. Biermann me parece tan certera cuando dice “Que cerca sentimos algunos que están muertos…” como cuando muere un ser querido un familiar, el padre o la madre. Hay un vacío que acongoja. Con Álvaro Arzú nos sucede así a los guatemaltecos bien nacidos que lo conocimos. Guatemala “pesa” menos con la muerte del líder que fue el mejor Presidente de los últimos sesenta años en nuestro país. Hay un vacío inmenso por la falta del político más exitoso de la historia de Guatemala. También “… que muertos nos parecen otros que aún viven”, sobre todo mequetrefes extranjeros, “Don Nadie” en su país que aquí se creen señores y que algunos malinchistas endiosan, esos lamebotas que no conocen lo que es la dignidad.

Fui compañero de Álvaro Arzú desde la primaria hasta salir de bachilleres del Liceo Guatemala, crisol que forjó hombres de bien y de donde han salido alcaldes, ministros y presidentes. Pero también ha dado hombres que han triunfado “… con mayor valía en el foro, la pluma o los pinceles…” seguimos viéndonos, en la Universidad Rafael Landívar, la de nuestro tiempo, muy diferente a la que es hoy.

La última vez que vi con vida a Álvaro Arzú Irigoyen, estaba con “influenza” nos dijo, fue el martes 24 de abril de este año, tres días antes de morir, cuando con otros tres amigos fuimos a platicar con él durante dos largas horas. Hablamos de lo divino y lo humano y sobre todo lo que hoy estamos viviendo en su amada Guatemala, platicamos de política la del presente y del futuro. Álvaro era un hombre franco, definido, con ideas claras siempre supo lo que quiso y tuvo la virtud de rodearse de un equipo de primera. Hablamos del libro “Arzú y el tiempo se me fue” ocasión en que lo dedicó a uno de los amigos que lo llevaba. Libro que en mi opinión debiera de leer todo aquel que quiera conocer lo que aconteció en nuestro país en los últimos cincuenta años. Muy ilustrativo es lo que se relaciona a la firma de la paz. Hace referencia por ejemplo a algunos de los secuestros que la guerrilla cometió y que pusieron en peligro la tan necesaria firma de la paz.

Hoy no pretendo hacer la crónica del día que falleció mi amigo Álvaro Arzú, ni de cómo me enteré, con quiénes me comuniqué y la incredulidad que recibimos la nefasta noticia. Ni con quién fui a rendir mis respetos y dar el pésame a la familia Arzú en el Palacio Nacional. Ya habrá tiempo para eso y todo lo demás los medios de comunicación masiva ya han dado abundantemente la noticia y el pesar ciudadano. Yo solo quiero recordar al amigo que mucha gente no conoció, como melómano: gran guitarrista y cantante. Como filántropo que nunca dejó de tender la mano a quien le solicitó ayuda. El deportista que era. Su inmenso amor por su familia, así como el apoyo que siempre dio a su señora en su labor social particularmente en el tema de la educación. Revela mucho de Arzú su amor por los animales, por ejemplo los perros que siempre le acompañaban en su despacho.

Adiós Álvaro hasta la vista, tu amigo “Chocolate”, como me decías.

P.S. Suelten ya al Coronel Chiroy.

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