Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Las opacas élites del continente y la de acá (Parte II)

Mi total respaldo a la CICIG y al Procurador de los DD. HH.

— Fernando González Davison
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En mi artículo anterior mencioné que Canadá y Chile eran una excepción en el continente pues sus élites han sido bastante responsables y son       ejemplo para la región, pues han articulado a las distintas fuerzas sociales, político-ideológicas desde hace décadas. Se reúnen cada año para monitorear los objetivos de largo plazo ante las nuevas realidades.

Un canciller japonés me preguntó por qué en América Latina no se ponían de acuerdo las cúpulas de la sociedad civil de cada país para salir adelante con sus gobiernos, pues siempre había confrontación y ello impedía la planificación de largo aliento. Aconsejaba que la cúpula obrero-campesina y empresarial y la tecnocracia del Estado y la academia, debían consensuar planes de mediano y largo plazo bajo el liderazgo de la élite, el Keidanren. Y cumplirlos sin importar qué partido esté en el poder. Eso es en esencia el modelo japonés. Para monitorear su cumplimiento, los dirigentes de esas fuerzas, con la academia al lado, se reúnen una vez al año para apuntalar y corregir el rumbo del plan en reuniones muy privadas. Su modelo fue seguido por los Tigres Asiáticos y China para definir su derrotero estratégico. Al residir en Chile vi que ese modelo allí también se aplicaba a su manera: desde 1990 los partidos y fuerzas obreras articularon un modus vivendi con la élite de alcanzar objetivos puntuales sin importar qué partido dirige el gobierno. En el 2000 entendieron que la OMC no iba a ningún lado y decidieron suscribir acuerdos de libre mercado con todo el mundo. Y les funcionó mientras la OMC se palmó.

Si bien todas las élites tienen redes de parentesco y matrimoniales y juegan golf, en Chile además muchos candidatos de distinta ideología provienen de la élite conservadora. Y han mantenido bajos los niveles de corrupción, de privilegios y de nepotismo. A cada elección, los nuevos gobernantes mantienen y cumplen los objetivos de largo plazo, con las tensiones normales en el Congreso, los municipios. El Estado funciona. Acá no funciona salvo para la burocracia y los funcionarios corruptos. Hay que crear uno que funcione para la sociedad, y es la élite la responsable de articular las fuerzas sociales para crear una agenda de nación eliminando el antejuicio y respaldando a la CICIG-MP para forjar un Estado de Derecho transparente, austero, sin privilegios que dé un poco de luz.

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