Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Ruleta rusa a la tortrix

Sin medir consecuencias, el gobierno entró a jugar ruleta rusa confiado en que tiene un control temporal de las instituciones y los recursos del Estado.

— Manfredo Marroquín
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El caso de la familia rusa Bitkov entró en la sala de apuestas del gran casino de la corrupción que se resiste a perder pues como es la regla universal en los juegos de azar, la casa nunca debe perder. La jugada de llevar este caso a una comisión no legislativa, solo deliberativa, de la unión americana puso por fin a los grupos anti-CICIG con un pie en la capital estadounidense llamando la atención, aunque sea con una victoria pírrica.

Esto como parte de una nueva ofensiva oficial por documentar un expediente ante Naciones Unidas que justifique su insistente solicitud de retirar al comisionado Iván Velásquez al frente de CICIG. En la sede de Naciones Unidas resulta ya molesta la necedad del gobierno guatemalteco de expulsar a alguien que ha destacado en su función dando resultados sin precedentes en el combate a la corrupción y la impunidad y que, en lugar de ser perseguido y atacado, debería contar con el apoyo irrestricto de un gobierno que se comprometió a luchar contra ambos flagelos al extender el mandato de la Comisión.

Como parte de la misma estrategia se hizo público por medio de las redes sociales, un video que por provenir de cámaras bajo responsabilidad oficial solo pudo haber sido distribuido por fuentes de la Guardia Presidencial, en el que se registran hecho ocurridos durante un allanamiento en la Guardia Presidencial que cuando ocurrió, el mismo presidente se encargó de aclarar de que se trató de una diligencia que contó con la colaboración de su despacho. Ahora es expuesto como una supuesta evidencia de los abusos cometidos por el MP y la CICIG y catalogado como una amenaza a la seguridad nacional, casi dos años después.

En otro episodio del mismo guion pro impunidad, el ministro de Gobernación increpa indignado al comisionado Velásquez sobre la presencia de unos agentes policiales en el mismo condominio donde él tiene su residencia, teniendo respuesta inmediata que se trata de una investigación sobre un hecho de corrupción que involucra a una empresa que reportó residencia en ese mismo condominio. Para enviar un mensaje inequívoco a todos los funcionarios que apoyan la lucha contra la corrupción, los agentes policiales fueron objeto de represalias y separados de las funciones que realizaban, incluso desconociéndose su paradero actual.

Todo un gobierno volcado a un solo propósito: sacar por las buenas o por las malas al comisionado de la CICIG para luego ir por la abolición de la Comisión misma. El gobierno y sus aliados pro corrupción se niegan a perder el gran Casino en que volvieron Guatemala, pero sus cálculos se limitan al corto plazo que pierde de vista el gran descontento que impera en gran parte de la población que es al final quien paga los grandes premios que otorga el casino a los jugadores VIP de turno.

Sin medir consecuencias, el gobierno entró a jugar ruleta rusa confiado en que tiene un control temporal de las instituciones y los recursos del Estado. Bien haría el presidente Morales en ir a visitar al último administrador del casino, el general Otto Pérez Molina, y pedirle que le cuente su relato de cómo llegó a perder el control del juego abusando de la confianza y ejerciendo un poder alejado del reclamo popular.

De tanto ensayar maniobras pírricas y volver la lucha contra la transparencia su única agenda de gobierno, el presidente Morales no necesita terminar su mandato para ser recordado como uno de los jugadores más atrevidos en jugar la ruleta rusa del gran casino de la corrupción en Guatemala.

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