Lunes 14 DE Octubre DE 2019
Opinión

Es hora de hacer justicia

La CICIG y el MP al combatir con su trabajo profesional y eficaz la delincuencia organizada y la impunidad, lejos de deteriorar la Seguridad Nacional la fortalecen.

Fecha de publicación: 01-05-18
Por: Amílcar Álvarez

La perorata del presidente Morales asoleando una versión envilecida de la Seguridad Nacional acusando al Ministerio Público y a la CICIG de socavarla, evidencia que el núcleo de la debilidad del Estado es él, sin asimilar que nadie es superior a la ley. Al descifrar su reacción visceral a la imputación de financiamiento electoral anónimo o ilícito como secretario del partido FCN Nación resulta ser un producto mediático, desviando la atención del tema fortaleciendo con semejante falsedad la capacidad de maniobra de los mafiosos que cooptan el Estado, perversidad propia de mentes enfermas que con fines aviesos pretenden expulsar al doctor Velásquez del país. El financiamiento otorgado por empresarios al partido se debe dirimir en los tribunales de Justicia –la responsabilidad penal es personal– y si se declara el antejuicio con lugar, garantizar la presunción de inocencia y el debido proceso. Involucrar al Estado en asuntos personales desnuda la precariedad de su estabilidad emocional y la falta de sindéresis para enfocar el asunto en su justa dimensión, ya que la CICIG y el MP al combatir con su trabajo profesional y eficaz la delincuencia organizada y la impunidad, lejos de deteriorar la Seguridad Nacional la fortalecen. La actitud del gobernante es una aberración proporcional a su incapacidad, siendo paradójico que precisamente sea su gobierno inepto y débil junto con el poder paralelo, una amenaza real para la Seguridad Nacional y la del tío Samuel, preocupado por la vulnerabilidad de Guatemala a la mafia y al terrorismo internacional de cualquier tipo. El presidente debe entender que la CICIG fue creada con un propósito definido que no está sujeto a su salud mental ni a sus vaivenes, que con o sin don Iván cumplirá su cometido y que lo único que puede provocar de persistir su actitud perturbadora es la disolución del gobierno, terminando el sueño torcido de sacar al Comisionado por la ventana y de propina parar en el tambo al ir contra natura pensando con el hígado. Las investigaciones realizadas son fundamentadas en hechos concretos, con el mensaje categórico de que nadie es invulnerable y que la costumbre inveterada de evadir la justicia desaparezca. El presidente debería reflexionar, recordar el compromiso con el pópulo y que en el poder hay amores sin amor, restableciendo el orden y la estabilidad social impulsando el bienestar prometido a los azotados por el rigor del hambre, incluyendo miles de niños y jóvenes para los que comer es ganancia.

La corrupción y degeneración del Estado no empezó aquí, ni el desplazamiento de las ideologías por intereses religiosos y económicos. Al desarmarse la versión neoliberal de la economía erosionada por la realidad, la política utópica de dominación mundial está cambiando empezando por imponer barreras arancelarias que pueden derivar en una guerra comercial de grandes proporciones endureciendo además, las leyes migratorias. Y aunque somos marginales en ese baile de tiburones, la estratégica ubicación geográfica del país es un factor clave en el juego de ajedrez que se traen y debe entenderlo Jimmy sí o sí. De esa cuenta, no tiene más remedio que tratar de hacer su trabajo y solventar su situación legal sin involucrar a la Nación en asuntos personales, absteniéndose de meternos en un laberinto del que debe salir solo por andar mal acompañado en su aventura política: si juega con fuego se va a quemar o lo queman. Los involucrados en el financiamiento electoral ilícito o anónimo de partidos políticos, ricos o pobres, deben ser juzgados y aplicar la ley sin excepción: Lex dura Lex. Y a los que piensan que la evolución social es una impertinencia de los pobres y que la ignorancia es la felicidad convirtiendo el país en un corral, hay que recordarles que la pobreza no está derrotada y meterlos al bote por pasarse de listos poniendo en peligro la paz social. La mayor amenaza para la democracia y la Seguridad Nacional ha sido es y será un Estado débil, resultando al final de cuentas peor que una dictadura, la opción es elegir dirigentes calificados para gobernar y si no hay, importarlos de Francia o Suiza como él champagne y el queso gruyer, remediando el desastre social que vivimos alegremente.

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