Jueves 18 DE Julio DE 2019
Opinión

¿De la Marro yo?

Sí. Soy graduada de la Universidad Francisco Marroquín, del Profesorado de Enseñanza Media en Lengua y Literatura a mucha honra.

Fecha de publicación: 20-04-18
Por: Silvia Tejeda

Continúo con algunos trazos de mis memorias, y me disculpo con quienes me siguen, tan fielmente, y me preguntaron el porqué de la interrupción de contarles un poco de mis memorias. El caso, es que en estas últimas semanas los políticos extreman sus abusos y se aparovechan del poder para seguir destruyéndonos como país, y percibo que el cuero se les pone, cada día, más grueso. Entonces, vuelvo a sentir la necesidad de denunciar las extralimitaciones de tanto oportunista.

Sí. Soy graduada de la Universidad Francisco Marroquín, del Profesorado de Enseñanza Media en Lengua y Literatura a mucha honra. Y lo digo así, porque fue una oportunidad que esa universidad brindó a todos los maestros que quisieran graduarse de profesores de secundaria, para que el empirismo de muchos, no continuara manteniendo a los adolescentes siendo estudiantes embaucados que, cuando llegaran a las universidades no continuaran mostrando su escaso nivel, para aspirar a una carrera universitaria.

Fue un programa que se inició a mediados de 1974, después del terremoto. Fenómeno que a muchos nos sacudió para que aspirásemos a graduarnos en una universidad que, en muchos, era un deseo que por la vida personal, había quedado frustrado. De entrada nos inscribimos 98 alumnos. Todos adultos y la mayoría maestros que impartían conocimientos en cabeceras departamentales y buscaban su superación académica. Yo, ama de casa, madre de cuatro, que se había quedado en el intento de ser profesional.

Si en esos años hubiera existido el concepto que se denomina Responsabilidad Social Empresarial, ese programa iniciado el la UFM hubiera sido visto como ejemplar. Y les digo porqué. El doctor Ayau encontró en el prestigio y la experiencia del Doctor Salvador Aguado Andreut, la persona idónea para fundarlo y dirigirlo. Entre ambos acordaron que no se cobraban las mismas cuotas que a los alumnos de otras carreras. Así es que pagabamos una cantidad simbólica. Los dos estaban conscientes de los salarios de los profesores y esa actitud de solidaridad la reconozco como el apoyo necesario que muchos necesitaban para salir adelante. Al graduarse, muchos de ellos, regresaron a los departamentos a poner colegios de secundaria que les significó un aporte al país y un cambio en su situación económica.

Pero tener la categoría de medio becarios no fue causa que nos negara la opción a los mejores catedráticos de toda las facultades. El mismo Ayau era nuestro catedrático secundado por sus mejores colaboradores como lo fueron el doctor Aguado, Rigoberto Juárez Paz, Jesús Amurrio, Armando de la Torre, Fernando Monterroso, Willy Forno, Luis Luján y Hernán del Valle Pérez, nombres que, a quienes siguieron una carrera, les hablarán siempre de profesores con capacidad y la entrega suficientes para formar mentalidades con suficente libertad de decidir y escoger cualquiera de los caminos que se trazaran en la vida.

Es más. Cuando me gradué, el doctor Aguado me invitó a quedarme como catedrática de Literatura e impartí mis cursos por 15 años. Y no se sorprenda. Fueron los tiempos en que los profesores podíamos estudiar otra carrera y no teníamos que pagar ni un centavo por sacarla. Además, los hijos de los catedráticos, si estudiaban ahí, cuaquier carrera contaban con media beca de estudios, toda la carrera. En mi caso, fueron dos los beneficiados.

Mi formación universitaria también la aproveché para inclinarme por la redacción de artículos, donde me expreso con libertad y sin ser vocera o pluma al servicio de cualquier tendencia. Errando o acertando ahí voy siguiendo a don Quijote y enamorada de él. Me quedó claro algo de lo que aprendí”: La libertad, Sancho, es el don más preciado que los dioses dieron a los hombres…”.