Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Cambios en la cultura democrática

Consulta popular y Comisión de Postulación.

— Edgar Gutiérrez
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La jornada de consulta popular del domingo 15 de abril, mostró una evolución extraordinariamente positiva de la cultura democrática de los guatemaltecos. Tan positiva que, por contraste, los “líderes” políticos del Estado y de los partidos quedan notablemente rezagados. Con vistas al proceso electoral de 2019 estos “líderes” resultan anacrónicos, aunque sin duda varios dinosaurios sobrevivirán –bajo otros caparazones– en la nueva época que trabajosamente se sigue abriendo en el país y que llevará unos tres lustros más madurar.

Sin información pertinente, poco debate, las urnas más concentradas en sitios urbanos y para-urbanos, además de los bochornos previos de Jimmy Morales en las provincias y de los diputados, como Galdámez, en el Pleno, la ciudadanía adoptó, sin embargo, una posición de Estado. Con la participación más concurrida en una consulta popular en 32 años de democracia, la población dio un claro y muy legítimo mandato al Estado para buscar en los próximos años una solución definitiva al diferendo con Belice en la Corte Internacional de La Haya.

En una palabra: la ciudadanía corrige la plana a la política exterior de Jimmy Morales de los últimos ocho meses. No se quiere una Guatemala aislacionista, unilateral, belicista ni fundamentalista, tampoco indigna y sin carácter, mostrando un perfil oportunista, sectario y de corto plazo (léase, Jerusalén). Se quiere el cumplimiento coherente del Artículo 149 de la Constitución, que establece los principios de las relaciones internacionales. Las taras de la política exterior han tenido costos de oportunidad en la Commonwealth, el mundo árabe y el extremo Oriente.

De la mano con esta demostración cívica en la consulta popular, el lunes 16 concluyó otro proceso de postulación para el cargo de fiscal general, que reforzó de la buena gobernanza en los asuntos públicos. Aunque no estuvo libre de incertidumbre, una peculiar manera de calificar perfiles y movimientos en falso, en general la academia, representada en los decanos de Derecho de las universidades, cumplió, y la sociedad civil y la prensa independiente hicieron muy bien su rol contralor.

Las redes de tráfico de influencias estaban advertidas (al menos una de las tres de esas redes informales, quizá la menos poderosa, pero, justamente por eso, la más mediática, fue neutralizada), y solo los insensatos operaron a la vieja usanza (algunos/as aprovechando cargos y conexiones en altos cargos públicos), pero, como se ve, con pobres resultados. Así, funcionaron de manera bastante aceptable los filtros, y por eso ahora es menos relevante a quién elija Jimmy Morales para reemplazar a Thelma Aldana dentro de un mes.

En conclusión, estas son dos buenas noticias para Guatemala y expresiones concretas del esfuerzo de la sociedad por ir superando el aislamiento internacional y la crisis de construcción del Estado de Derecho. Lo menos que esperamos del Congreso ahora, es una legislación congruente con los nuevos tiempos: los principios de la justicia transicional aplicados a los delitos contra la integridad democrática (aunque se cometieran, otra vez, en nombre de la salvación de la democracia) y la afirmación del principio de igualdad ante la ley, aislando finalmente a los dinosaurios, como Álvaro Arzú.

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