Jueves 19 DE Abril DE 2018
Opinión

Quetzaltenango y sus silencios

La memoria tiene el potencial de reactivar la historia.

— María Aguilar
Más noticias que te pueden interesar

Desde el inicio del juicio Molina Theissen, distintos testimonios han proporcionado un macabro viaje en el tiempo por la ciudad de Quetzaltenango, contrastando con el discurso localista del orgullo quetzalteco que no ve más allá del controversial Sexto Estado.

Hoy, es imposible negar que el edificio de la Zona Militar 17-15 es un testimonio físico y prueba material de violaciones a los derechos humanos, del terrorismo de Estado, así como de la violencia sexual contra mujeres. Emma presentó un mapa del lugar al relatar su escape. Un testigo contó que estuvo detenido en varias zonas militares, incluida la de Quetzaltenango, pudiendo observar allí, a otros prisioneros. Otro testigo narró que posterior a la captura de Emma, se montó una operación de rescate pero el médico Julio Calderón, miembro de la operación, fue capturado en las calles de Xela y trasladado a la Guardia de Hacienda en la 1a. calle de la zona 3 y continúa desaparecido. Las palabras se quedaron conmigo, la Guardia de Hacienda estaba a la par de mi casa. Con cada relato, Xela se llena de terror y muerte.

Hoy la “Zona 17-15” es un Centro Intercultural sin memoria. Esto no sorprende, el director del centro, testigo en el caso, expresó que el interés del proyecto es solo enfocarse en la historia del ferrocarril. De  niña, el colegio me llevó de excursión a la “Zona”. Guardo en la memoria un salón cubierto con machimbre y fotografías en las paredes, las tanquetas, los escudos militares que rodeaban la pared perimetral de la cancha y al oficial del ejército quien nos dio un tour. Que ahora el Centro Intercultural tenga espacios de museos y que ninguno toque el tema de la memoria reciente –prefiriendo presentar una versión revisionista de la historia que exalta  a los militares– y que el edificio en sí no sea un lugar de memoria es inaudito y vergonzoso.

La memoria tiene el potencial de reactivar la historia. El pasado con sus hechos de violencia, tortura y muerte no se borran con el silencio de los gobernantes, gestores culturales o habitantes. Al contrario, está allí, esperando ser reactivado para contarse, estudiarse, para sanar heridas y para las nuevas generaciones.