Sábado 15 DE Diciembre DE 2018
Opinión

El momento de la verdad se aproxima

Guatemala es una sociedad experta en el juego de postergar.

— Richard Aitkenhead Castillo
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Las decisiones se pueden postergar. Los cambios aplazar. Se puede siempre modificar lo marginal para no tocar lo estructural. También se puede hablar mucho de cambio, sin cambiar. Se puede hacer ruido sin que exista sustancia. Guatemala es una sociedad experta en el juego de postergar, de ignorar y hasta de aparentar que estamos en proceso de cambio, para que los liderazgos tradicionales puedan recuperar el control de la agenda, y después volver a lo mismo. En este caso, las cosas son diferentes y lo sucedido no podrá revertirse fácilmente. El momento de la verdad se aproxima.

Por unas semanas me abstuve de hablar del tema central: el cambio de rumbo de Guatemala. La razón es sencilla pero contundente, estaba agotado emocionalmente y cansado de la agenda de descalificación, de las mentiras, de las campañas intimidatorias y, por sobre todo, de la falta de capacidad de liderazgo de nuestro gobierno. Mientras tanto, el proceso de selección del nuevo (a) Fiscal General avanzaba en su proceso de evaluación de candidatos, más enfocado al análisis de lo formal que de lo real, a la experiencia penal más que a la capacidad general, a los contactos que a la determinación. El proceso de calificación llega a su fin e inicia el proceso de selección por el Congreso y al Presidente para la decisión final.

Este es uno de los momentos centrales en camino a consolidar el proceso de cambio o truncarlo. No puede aceptarse que sea una decisión de afinidad del Presidente, de intereses personales o simpatías políticas, de conveniencia o de presión de su entorno. La persona que designe como Fiscal General debe ser de carácter fuerte, de una independencia comprobada, con una determinacion de avanzar la agenda y no de detenerla o iniciar enfoques gradualistas. Una persona dispuesta a enfrentar a quiénes considere enemigos del imperio de la ley, de continuar los procesos que tengan mérito, detener los que no tienen pruebas claras, iniciar los que correspondan según sus investigaciones, y respetar la independencia del Organismo Judicial pero enfrentar con fuerza toda resolución no basada en ley o cualquier intento de los poderes oscuros por detener la consolidación de un Estado de Derecho real y efectivo en Guatemala.

No está fácil para el Presidente. Si se equivoca, la Plaza se lo recordará y puede no aceptarlo, sin importar lo que quieran jugar o intimidar los poderes oscuros. El verdadero poder, la voz y determinación del pueblo de Guatemala ha sido clara y contundente: basta de corrupción e impunidad. Es momento de una visión de estadista, de decidir entre el país o los intereses espurios. El tiempo se acaba y la oportunidad de trascender se agota. No debiese perder su última oportunidad.

Guatemala siempre ha tenido la prudencia de detenerse cuando se acerca al abismo. Se supo reaccionar ante la tragedia del terremoto de 1976, se pudo detener el descaro político y el robo electoral en 1982, se logró impulsar un debate abierto en la redacción y aprobación de la Constitución de 1985, se venció la resistencia para negociar la paz en 1996. Hoy, no podemos permitir que todo el esfuerzo realizado desde el 2015, se detenga. Que queden impunes los actos de corrupción y la impunidad evidenciada en varios de los procesos abiertos, que no se ejecuten las detenciones ordenadas por los jueces o que no se extraditen a quienes abusaron de las arcas públicas o de los favores estatales. Los guatemaltecos no podemos aceptarlo. El momento de la verdad se aproxima… aún cuando hay muchos que quisieran volver a postergar el cambio.

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