Miércoles 12 DE Diciembre DE 2018
Opinión

Qué nos (con) mueve

Si ladinos/mestizos urbanos queremos vivir en armonía nos convendría solidarizarnos con los pueblos originarios.

— Paula Irene del Cid Vargas / laCuerda
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Los mensajes en torno a la consulta del 15 de abril no aclaran procedimientos, alcances ni limitaciones de la misma. Aunque sí tocan fibras emocionales de la población urbana y ladina, estimulando la ilusión de ser poseedores, en este caso, de playas blancas y empresas turísticas generadoras de riqueza. Ilusión propia de una cultura neoliberal que mercantiliza todo, y en la cual ser propietarios se constituye en factor de prestigio. Desde este paradigma, la naturaleza carece de valor si no se transforma en mercancía, proceso que destruye las formas de vida que se desarrollan en ella. Analicemos la legitimidad de dos de los argumentos para votar por el Sí: la “recuperación de tierras” y el “acceso al Atlántico”.

El Estado de Guatemala se fundó sobre el despojo de los bienes naturales y la explotación de los pueblos originarios. En las últimas décadas, las élites se han vuelto más avariciosas y cortoplacistas, causando múltiples desastres ecológicos y sociales. En Alta Verapaz, las hidroeléctricas provocaron que los ríos Oxec y Cahabón hoy parezcan carreteras de terracería con riachuelos. El procesamiento de la palma aceitera y su manejo irresponsable ocasionó la contaminación del río La Pasión, ecocidio que amenaza la salud de quienes durante siglos han vivido en sus riberas. La corrupción en el manejo de las aguas residuales y desechos sólidos de las ciudades provocaron la degradación de los lagos de Amatitlán y de Atitlán, que abunda en plástico flotante. El trayecto a la costa sur es un desierto verde que asfixia a las comunidades atrapadas en el monocultivo de la caña. Quienes sufren los efectos directos de esta destrucción levantan su voz y lo que reciben es indiferencia, amenazas, muerte y prisión.

Guatemala ya tiene acceso al Atlántico, mismo que desaprovecha y descuida: una red ferroviaria perdida en procesos de privatización; una carretera que constituye un atentado a la vida por su diseño inadecuado y su casi inexistente mantenimiento; y una Empresa Portuaria Nacional, Santo Tomás de Castilla, cooptada por el Partido Patriota para defraudar más de noventa millones de quetzales.

Organizaciones de los Pueblos Q’eqchi’, Itzá, Mopán y Garífuna rechazan los argumentos nacionalistas de disputa, sobre territorios en los que históricamente habitan, porque saben que subyace el interés de empresarios de Belice y Guatemala por implantar actividades económicas que, como las mencionadas, enriquecerá a pocos, destruirá su entorno y nos empobrecerán.

Si ladinos/mestizos urbanos queremos vivir en armonía nos convendría solidarizarnos con los pueblos originarios, erradicando lógicas mercantilistas, destructoras de paisajes por los cuales suspiramos; despojarnos de criterios deshumanizantes y racistas que nos vuelven indiferentes al despojo, facilitando la explotación del prójimo. Prioridad es socializarnos en perspectivas en las que los humanos nos sabemos dependientes de los intercambios infinitos, micro y macroscópicos de la Red de la Vida.

Conozca más sobre este paradigma en el Tribunal de las Mujeres por la Madre Tierra, el Agua y la Vida, el 20 de abril en la Plaza de las Niñas, Ciudad de Guatemala.

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