Domingo 15 DE Septiembre DE 2019
Opinión

El fantasma del Kremlin

Nuestro destino en otro juego de ajedrez.

Fecha de publicación: 12-04-18
Por: Edgar Gutiérrez

Hace varios años encontré a un hombre de mediana edad, más bien bajo y menudo, evidentemente extranjero. Casualmente nos saludamos y noté su acento balcánico. Fue en un parque en las afueras de la ciudad; me llamó la atención el cuidado y cariño con el hombre trataba a su hijo, un chiquillo, entonces, de tres o cuatro años de edad. En los siguientes meses lo volví a encontrar un par de veces y nos saludábamos a la distancia. Siempre iba con el niño, tomado de la mano.

Tiempo después reconocí a aquel hombre en los diarios. Era Igor Bitkov, de origen ruso. Había sido capturado, junto con su familia (esposa e hija mayor de edad), en un vasto operativo contra una red de unas 36 personas, entre guatemaltecos y extranjeros (varios colombianos) señalada de corrupción de pasaportes, cuyo epicentro era la Dirección General de Migración. En quien pensé de inmediato fue en el inocente niño que paseaba en el parque. ¿Quién vería por esa criatura?

Conforme la información fluía en los medios se conformaba un cuadro según el cual Bitkov (empresario) llegó a Guatemala en 2009 huyendo de la mafia rusa, despojado de su patrimonio. Pero en vez de pedir asilo político, entró en las redes de la mafia local. Compró dos veces documentos falsos de identidad, con otros nombres, que lo hacían pasar por guatemalteco.

Una reciente investigación del diario digital Nómada revela que las primeras denuncias contra esa red criminal, involucrando hasta 66 personas, datan de 2010 y fueron presentadas por el sindicalista de Migración Fidel Pacheco, quien meses después fue asesinado. Entre 2010 y 2012 el interventor de Migración, cuyo entorno fue señalado, era el actual ministro de Gobernación, Enrique Degenhart.

Tarde, pues ya había sido capturado, Bitkov solicitó asilo político. La oficina local de las Naciones Unidas para Refugiados evaluó el caso y concluyó –tras levantar versiones contradictorias de la familia– que la solicitud, por su excepcionalidad, solo la podía admitir el presidente Jimmy Morales. La respuesta de Casa Presidencial fue negativa. En medio del proceso –dice Nómada– sí hubo una querella del banco ruso BTV, en contra de Bitkov, rechazada por el MP y la CICIG. El representante local de ese banco es (o era) el magistrado suplente de Jimmy Morales en la CC, Henry Comte.

Es increíble, pero resulta que ahora el empresario Bill Browder, impulsor de la ley Magnitsky, recorre los pasillos del Capitolio asegurando que el presidente ruso Vladímir Putin extendió sus tentáculos a la CICIG y el MP y pide que fiscales y juzgadores de Bitkov sean candidatos a la aplicación de esa ley, como en octubre pasado fue incluido Julio Juárez, el diputado sindicado del asesinato de dos periodistas, defendido públicamente por Jimmy Morales.

Este es un mundo patas arriba. En 2003 la Rusia de Putin, por medio de su entonces representante en la ONU (ahora canciller), Serguéi Lavrov, impidió la aprobación de la CICIG en el Consejo de Seguridad, argumentando una estratagema de Washington –cuyo supuesto experimento era Guatemala– para cercar a Moscú con instrumentos internacionales contra la mafia. Fui testigo directo en Nueva York, y estoy ahora ante otro déjà vu de la década de 1980, cuando nuestro destino fue anegado en un inmenso mar de sangre en esos letales juegos de ajedrez entre Washington y Moscú. Los guatemaltecos de buena fe estamos como el niño que vi de la mano de su padre en el parque, cuyo destino desconozco. Un mundo de injusticias y elefantes ciegos en un salón de cristalería.