Martes 10 DE Diciembre DE 2019
Opinión

La muerte del genocida

No se puede hablar de infierno, más allá del que Ríos Montt causó mientras estuvo en el poder.

Fecha de publicación: 02-04-18
Por: María Aguilar

¿Cómo escribir sobre la muerte de un genocida? Especialmente cuando con la noticia no llega la satisfacción esperada sino que surge una pena y una rabia por los crímenes que quedaron impunes, no solo contra el Pueblo Ixil sino contra todos los otros pueblos indígenas y mestizos. Aunque quizá la pregunta es: ¿cómo se escribe de la muerte de un genocida en un país racista y polarizado como Guatemala?

Los indígenas críticos decimos que Ríos Montt fue genocida porque bajo su régimen el área rural se convirtió en un campo se sangre india. El 43 por ciento de las 200 mil muertes que dejó la guerra, ocurrieron durante los 17 meses de su gobierno. Eso equivale a 86 mil muertes.

Ríos Montt fue genocida porque permitió el arrasamiento de la cultura de múltiples pueblos al ordenar quemar, torturar y masacrar a madres, padres, abuelos, cargadores de conocimiento y encargados de transmitir, a través de la oralidad, elementos del pasado para afrontar el futuro. Cometió genocidio al reasentar a comunidades indígenas en “aldeas modelo”, donde se vivía bajo un control estricto del ejército y en condiciones inhumanas que impedían continuar con la vida bajo los preceptos comunitario indígenas, llevando a muchos a la muerte. Fue genocida porque sus tropas intentaron acabar con la humanidad de mujeres y niñas que fueron violadas sistemáticamente.

Genocidio fue también el que propagara el rompimiento del tejido social comunitario al cimentar la política de Benedicto Lucas García de continuar armando y obligando a patrullar, inclusive a sus propios hermanos, a hombres de diversas comunidades indígenas. Genocidio fue querer ponerle un alto a la vida indígena al permitir que sus tropas partieran en dos los vientres de mujeres y destruyeran a niños y bebés contra árboles y rocas. Ríos Montt fue genocida no solo porque se sentó en un tribunal de justicia sino porque escondiéndose tras una fachada religiosa moralista no dejó más que ausencias, dolor y muerte.

No se puede hablar de infierno, más allá del que Ríos Montt causó mientras estuvo en el poder. Tras su muerte, a Guatemala y al sistema judicial le queda trabajar por la verdad, la justicia y la reparación para los sobrevivientes y para el país.