Miércoles 26 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Un cuento beduino

En Iberoamérica se comienza a castigar a líderes que han violado las leyes que habían prometido defender y cumplir.

— Roberto Blum
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Recientemente me contaron una historia que presenta una interesante moraleja. Un beduino, padre de seis hijos varones, los llama un día y les informa que alguien le había robado la noche anterior un pavo, por lo que les pide que lo busquen y lo traigan de vuelta. Los hijos consideran que por el robo de un simple pavo no valía la pena hacer el esfuerzo de buscarlo y rescatarlo. Más tarde uno de los hijos se da cuenta que falta un camello del rebaño. Corre y les avisa a los hermanos y al padre. El vejo beduino al oír la noticia les dice “busquen al pavo y tráiganlo”. Los hijos se sorprenden de la extraña orden del padre. Días después un caballo desaparece. Y el padre al enterarse de la pérdida del caballo vuelve a reclamarles que busquen al pavo y lo traigan de vuelta. Finalmente, una de las hermanas es raptada y el viejo y sabio beduino les explica: “al no buscar ustedes y recobrar el pavo, el maleante se dio cuenta que podía seguir robando nuestros bienes, primero el pavo y no pasó nada, luego el camello y no pasó nada, luego el caballo y lo mismo y finalmente se robó a su hermana”. Moraleja: la falta de respuesta al robo de una cosa pequeña hizo pensar al ladrón que podía impunemente seguir robando cosas más valiosas. La impunidad de las faltas pequeñas genera la impunidad en cosas mayores. Tal es la “teoría de las ventanas rotas” que intenta enfrentar el deterioro de la convivencia social.

Por desgracia, esta es la situación de impunidad a la que nos enfrentamos en algunos de nuestros países. La ausencia de castigo en las faltas pequeñas se ha convertido en una lección para muchos. Las reglas, que en cualquier ambiente social existen para facilitar la convivencia, han venido perdiendo su vigencia. Al no existir una respuesta efectiva, muchos de nuestros congéneres han aprendido en la práctica que el cumplimiento de ellas es optativo. Y esta actitud de irrespeto a las normas se ha convertido en un verdadero cáncer social. Estamos permitiendo que toda la estructura normativa de la sociedad se derrumbe.

La anomia, término que estrictamente significa ausencia de normas, es causante de conductas destructivas de todo tipo. Emilio Durkheim, considerado uno de los padres de la sociología, observó que la anomia elevaba la tasa de suicidios, como consecuencia de la disolución de los vínculos sociales entre un individuo y la comunidad, “generando asimismo escenarios ingobernables que resultan en la fragmentación de la identidad social y el rechazo de los valores de autorregulación”.

Así pues, evitar el derrumbe de la convivencia social exige que las normas se cumplan la mayor parte del tiempo. Tanto las normas que regulan las conductas en el ámbito de la familia, la escuela, la empresa o la iglesia, como aquellas que se refieren a las esferas superiores como el gobierno y la política deben ser cumplidas y su transgresión, siempre castigada.

Afortunadamente en algunos países se observa que se está luchando contra la impunidad en los más altos niveles.

En Iberoamérica se comienza a castigar a líderes que han violado las leyes que habían prometido defender y cumplir. Sin embargo, tanto en los Estados Unidos como en México, la impunidad en las más altas esferas del gobierno parece haber sentado sus reales. El presidente Trump se ha dedicado durante los pocos meses de su administración a violentar impunemente las normas más básicas de la convivencia. En México, el gobierno del presidente Peña Nieto ha estado plagado de la más abierta corrupción y ningún alto funcionario federal ha sido castigado.

La impunidad es un cáncer que en verdad destruye las sociedades. No podemos dejar que crezca.

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