Miércoles 20 DE Junio DE 2018
Opinión

La guerra invisible

La crítica es un ejercicio de responsabilidad social, no el canal o conducto de los complejos de nadie.

— Amílcar Álvarez
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En forma paralela a la confrontación permanente que afecta a la sociedad se ha desatado en las redes sociales un festival de mentiras instrumentalizado por intereses oscuros difamando a diestra y siniestra, inventando fuentes de información y trasladando opiniones y hechos supuestos que confunden y polarizan a los ciudadanos, desprestigiando las instituciones y contaminando la libertad de expresión. Los medios de comunicación social poseen la característica de ser una tribuna abierta que les permite ejercer un control sobre la democracia y constituirse en una garantía para los intereses legítimos del pueblo, informándolo con ética y veracidad de los hechos en general y en particular de la conducta de los gobernantes, de la eficacia o no de sus trabajo y de los resultados obtenidos en su gestión, escrutando las decisiones que adoptan en el campo político, económico, social, etcétera. Simplemente son un espejo en el que se mira la sociedad y la democracia, razón por la que su influencia se incrementa gradualmente siendo indispensable actuar profesionalmente asumiendo la responsabilidad que requiere representar en cierta forma la libertad de expresarse, resultando ineludible establecer la correspondencia necesaria entre lo que se dice y se hace demostrando la madurez y el equilibrio que el momento histórico actual demanda. La prensa vive una nueva era, signo vital que demuestra que los tiempos cambian, que todo se transforma, nada es estático y que la evolución de la mano de la tecnología es irreversible, situación que permite el surgimiento de ideas nuevas, opiniones diferentes, reflejando una arista distinta que guste o no es un nuevo estilo, una realidad que debe mantenerse y sostenerse con responsabilidad, contribuyendo a estabilizar un poco la sociedad sumergida en un drama intenso por los políticos que la engañan ahogando sus ideales en la retórica barata utilizada como base fundamental para asaltar el poder con mentiras y construir mitos personales que se destruyen solos con la ayuda del tiempo que todo y a todos pone en su lugar. En ese contexto, la sociedad requiere y exige información y la propia crítica como aire puro apartada de la calistenia que suelen practicar los dogmáticos que se resisten a entender que tienen perdida la batalla en contra de la realidad, olvidando que un pueblo mejor informado recupera la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo, lo positivo y lo negativo, propio de la conducta humana cuyo sentido común nunca ha sido puritano ni ha tenido una moral ambigua.

La crítica es un ejercicio de responsabilidad social, no el canal o conducto de los complejos de nadie, menos de los que acostumbran poner sus ideas fermentadas al servicio de intereses ocultos para destruir instituciones, valores sociales, la verdad misma, enquistándose adecuadamente en los medios coordinando por encargo guerras de mentiras extendidas a placer en las redes sociales. La crítica seria respeta la democracia estableciendo fluidez en las relaciones que deben existir entre el que critica y el criticado con el fin de arribar a un diálogo útil que sirva para rectificar y enmendar errores en beneficio de la sociedad. En las naciones desarrolladas se basa en la verdad, reflejando identidad de conciencia y sentido de responsabilidad entre el editor y el autor para con la sociedad a la que se deben, permitiendo en esa forma que su conducta trascienda ganándose el respeto de los lectores al fustigar a los incapaces, corruptos y demagogos denunciando la impunidad y al mismo tiempo reconociendo los méritos de los funcionarios públicos que cumplen con su deber fortaleciendo las instituciones, dándoles la confianza y credibilidad que necesitan. Es una tarea ardua en la que la prensa seria y responsable participa colaborando en lo que le corresponde construyendo una sociedad diferente en la que no exista el miedo a perder los derechos y los anhelos, coexistiendo en armonía. Descuidar esa misión hace tanto daño como la ineptitud y la corrupción de los que gobiernan. JOYA: el rencor del alma no se limpia con jabón, solo con perdón.