Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La incómoda gestión del doctor Luis F. Galich

El doctor no tenía mayor experiencia en saber lidiar con las jugarretas de la mayoría de la gente del partido político que lo había apoyado.

— Silvia Tejeda
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Con el doctor Luis Fernando Galich seguí trabajando como la recepcionista del Despacho. 1959-62. Mi compañero, Francisco Azurdia, el más capaz y experto secretario de esos ámbitos, ya no fue el de confianza del alcalde, como había sido para el ingeniero Obiols. En esa relación lo neutralizaron. Pronto llegó nuestra compañera Dora Miriam Salazar, asignada como la secretaria personal del Alcalde. ‘Paco’ sabía mucho de todo y yo no sabía nada ni de taquigrafía ni de correspondencia y él siempre me ayudaba, pero para desempeñarme solo necesitaba llevar la agenda y escribir las providencias del Despacho. Los tres hicimos un buen equipo sin envidias ni complejos. Buenos compañeros. A secas.

Cuando el jefe no estaba, la pasábamos bromeando muy contentos. Eso sí, muy circunspectos cuando los líderes del PR entraban a la oficina con aires de poderosos, y nos inquirían cualquier favor. Ellos tenían el poder, nosotros la información. Así balanceábamos la relación, porque en su mayoría, se comportaban como confundidos prepotentes que nunca habían tenido a su alcance el manejo de un poquito de poder. Ya aquellos tiempos de los jefes de departamento tan capaces, como educados y respetuosos habían pasado a la historia.

La falta de afinidad profesional, los niveles de educación y dignidad que se marcaban entre el doctor Luis Fernando Galich y algunos dirigentes del Partido Revolucionario fue manifesta desde el principio de su gestión. El doctor no tenía mayor experiencia en saber lidiar con las jugarretas de la mayoría de la gente del partido político que lo había apoyado. Considero yo, que lealtad y verdadero apoyo solamente tuvo del licenciado Ramiro Ponce Monroy –Secretario Municipal– y de los licenciados Barillas Izaguirre y Guerra Roldán. En pocos meses fueron nombrados para desempeñar jefaturas miembros de la rosca de los dirigentes del partido, quienes, al pasar de los años, se solidarizaron en el manejo de los cargos. Tomaban decisiones aquí y allá que muchas veces el doctor Galich ni se enteraba. Al final de su gestión los políticos manejaban el poder y al doctor Galich lo marginaban. Tanto así, que los últimos meses ya solo asistía a firmar los documentos.

Pero, aun así. Los colaboradores que le fueron también leales fueron todos aquellos ingenieros y empleados que venían desempeñándose en gestiones anteriores, acostumbrados a llevar a cabo su trabajo sin sesgos de poder político, ni buscando un porcentaje de beneficio propio. Hubo un caso en que la indecencia rebasó cualquier límite de una búsqueda de oportunidad de trabajo. Creo que por su infamia vale la pena hoy, compartirlo.

No se me olvida. Que una tarde estábamos los tres en la antesala del despacho cuando inesperadamente una joven señora, con pocos meses de embarazo sollozaba reciamente pidiendo hablar con el Alcalde. Lamentablemente, él no estaba, entonces ella se desahogó con nosotros y llorando sin parar nos contó que venía del tercer piso, del despacho del jefe de la oficina de Arbitrios y Abastos –mercados– y que cuando había entrado con el jefe a pedirle empleo, el jefe le había dicho que le buscaría un empleo si, en ese momento, se metía al sanitario para que le hiciera unas caricias. La joven señora, quien por su traje denotaba su pobreza, tenía una gran dignidad como mujer y como madre. Esperó un tiempo. Le pedimos que regresara al día siguiente para hablar con el Alcalde, pero ella no volvió. Lo hicimos de su conocimiento e inmediatamente el jefe de tal calaña fue despedido.

Subrayo que la obra más importante que su gestión fue el Gran Colector Reformita-Mariscal-Roosevelt, el bordillo y la pavimentación de las calles y avenidas de La Reformita y otras más que se me escapan. No fueron obras propagandísticas, pero siguen siendo quizás unas de las más necesaria e importantes que sirven hasta hoy a los vecinos de esta ciudad.

 

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