Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Unos comentarios a don Lisandro Bolaños

El artículo que comentamos bien nos serviría para reflexionar sobre las variantes de la Economía como el arte de la persuasión.

— Edgar Balsells
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En reciente columna publicada por el prestigiado medio virtual Plaza Pública, el economista Lisandro Bolaños, quien está vinculado a la Escuela de Gobierno y a centros de pensamiento de la Universidad Francisco Marroquín alude veladamente a mi persona, aunque no me menciona, pero sí al Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos –Ipnusac– que me ha designado para participar en las recientes discusiones de la Comisión de Economía del Congreso de la República sobre las que él denomina “reformas a la Ley de Zonas Francas”, que a mi juicio, analizando la iniciativa actual, no son reformas sino una ampliación de los que él llama “beneficios fiscales existentes”.

El académico asevera que “eliminar beneficios fiscales existentes, como proponen el Icefi y el Ipnusac no corrige el problema: solo lo acentúa”. Conviene indicar primeramente que lo que se viene discutiendo en el Congreso no persigue eliminar beneficios fiscales existentes, sino ampliarlos a una variada gama de sectores componentes de la industria nacional, al punto que según dictamen de la Superintendencia de Administración Tributaria, el sacrificio fiscal estimado sería de alrededor de Q4 mil millones al año, por una gran cantidad de años.

Añade además lo siguiente: “No olvidemos que, en Guatemala, los incentivos fiscales de los últimos 30 años han sido vitales históricamente para diversificar nuestras exportaciones y han evitado que suframos graves crisis cuando han caído los precios del café o el azúcar”. No sé si en los ambientes en donde el susodicho se desempeña se estudia que todo incentivo o sacrificio de ese tipo debe ser temporal, pues seguir haciéndolo de la misma forma sería como darle biberón a un adolescente que ya está en proceso de entrar en la mayoría de edad. Por ello en el pacto fiscal, en donde participaron representantes de diferentes escuelas económicas se adoptó el consenso de no ampliar por ninguna vía los incentivos fiscales que drenan la capacidad tributaria del Estado.

El académico de marras asevera que debe seguir funcionando el biberón porque nuestras otras políticas económicas han sido un desastre, y esa es talvez una de las pocas ideas que comparto del artículo, porque resulta evidente que el encontronazo que se pegaron los Acuerdos de Esquipulas y los Acuerdos de Paz con el neoliberalismo en boga desde mediados de los años ochenta, dio vida a un Estado desregulado y fragmentado que ahora es incapaz hasta de ordenar el transporte extraurbano y el de carga y a las pruebas me remito con tan solo observar las secuelas del desastre en la entrada de Mixco, que además nos genera muchas dudas sobre lo que verdaderamente ocurre en las portuarias del país y los registros y reportes fiscales, pero eso es cosa que trataremos en otro artículo más específico.

El artículo que comentamos bien nos serviría para reflexionar sobre las variantes de la Economía como el arte de la persuasión, y es que resulta evidente que hay personajes cuya autoridad académica es oficiosa con los intereses de turno, porque resulta realmente fuera de borda argumentar como se hace al aceptar que la actual institucionalidad de las zonas francas carece de la regulación y el control adecuado, pero luego se argumenta que “si aplicamos esos criterios, vamos a terminar concluyendo que en Guatemala deberíamos dejar de financiar la infraestructura en carreteras, la educación pública y la salud pública” (¿¿…).

Ahora bien, aparte de todo, parece ser que algunos de los presentes hemos dejado evidencia del desorden y la falta de control en la institucionalidad de las zonas francas y don Lisandro así lo admite al final. Propuestas concretas, pues allí están varios documentos que hemos puesto en el tapete, pero no se trata de “concretizar” en simples recetarios, ni apelar a la urgencia del decisionismo como siempre se hace por aquí.

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