Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿Ideologizados? o ¿desideologizados?

La pasión nos hace olvidar que el crimen organizado no tiene ideología.

— Carol Zardetto
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La palabra ideología tiene una acepción simple: conjunto de ideas con las que se identifica una persona. Bajo esta lógica, todos los seres humanos tenemos ideología, aun cuando no la hayamos organizado dentro de los casilleros estereotipados: izquierda o derecha. Llevados a su extremo, estos casilleros se pueden convertir en dogmas, o sea ideas inapelables que excluyen la posibilidad de discusión y pensamiento crítico y que siembran odio acérrimo contra el disidente. Las ideologías dogmáticas son formatos destinados a construir sistemas políticos excluyentes.

El ejercicio del poder coercitivo del Estado mediante la persecución criminal tiene una única justificación: el hallazgo de la verdad. Y se articula alrededor de las normas del debido proceso para garantizar la justicia. Todo esto es ideológico en el sentido de que forma parte del “Estado de derecho”. Que, llevado a ejecución por humanos, nunca es impoluto. Sin embargo, no puede convertirse en una cacería de brujas, donde se persiga a alguien por su pertenencia a una clase social, o ideología. Una persecución criminal ideológica resulta ilegítima y debería horrorizar.

El poder real en la Guatemala de los últimos tiempos no ha sido de corte ideológico. Lo ha ejercido el crimen organizado mediante redes de influencia y estructuras donde los operadores se repiten. Funcionarios públicos, empresarios, organizaciones garantes de la legalidad como el Colegio de Abogados, han sido parte del venenoso cóctel. Lo que menos ha interesado es el pensamiento político porque nunca han pretendido gobernar el país. Su afán ha sido exclusivamente depredatorio.

Ni aún la famosa oligarquía guatemalteca ha obrado con ideología política porque lo cierto es que no les interesa construir una Nación. Su propósito es sacar provecho de los recursos naturales del país y llevar sus ganancias a paraísos fiscales. Este esquema colonialista ha generado un repudio merecido. Sobre todo, por la utilización que han hecho de las estructuras criminales corruptas para obtener sus fines.

No podemos caer en la trampa de enredarnos en una polarización izquierda-derecha diseñada para distraernos del problema que tenemos en la mano: la liberación del espacio político tomado por las mafias. El espacio político es la base para empezar a dilucidar cómo resolver la infinidad de problemas irresueltos, iniciar un proceso de construcción de justicia social, protección de nuestros recursos naturales, reparación del daño ocasionado por la violencia (de todo orden) sobre las comunidades más vulnerables. Para todos estos fines, necesitamos un espacio político sano. Esa es la batalla que tenemos enfrente. Y, justamente porque tenemos ideología, debemos hacer un frente común para habilitar el espacio donde ejercerla.

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