Miércoles 13 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Optimizando las finanzas del Estado

Si en verdad existe la voluntad política para resolver el problema fiscal, los gobiernos deben comprometerse a estructurar un sistema impositivo simple y de bajo costo de recaudación.

Fecha de publicación: 01-03-18
Por: Juan José Micheo Fuentes

En esto de la hacienda pública no hay recetas, pero sí abundante experiencia en varios países acerca de que no todo el endeudamiento ‘per se’ es malo y que no todo déficit es dañino. Países que se endeudaron para construir infraestructuras, redes hospitalarias y centros de enseñanza lograron incrementos significativos en la productividad que les permitió generar los recursos necesarios para repagar los préstamos, disminuir la deuda y hacerla sostenible en el tiempo.

Los países en vías de desarrollo, como los centroamericanos, nos enfrentamos a grandes desafíos. Por un lado, las demandas sociales son elevadas y por el otro las cargas tributarias son relativamente bajas. Nadie puede oponerse a que los gastos en materia de seguridad son imprescindibles, ni que la salud pública no sea un sector que debe apoyarse al igual que la lucha contra la pobreza y desnutrición infantil. O, la educación como única opción para que la gente se supere. De todo ello estamos claros. Lo aconsejable en este sentido es replantear el nivel óptimo de la carga tributaria, su composición y un sistema impositivo sencillo y de fácil recaudación y libre de cualquier discrecionalidad.

En la práctica los presupuestos nacionales se hacen proyectando ingresos y gastos y cualquier déficit fiscal se cubre con endeudamiento. La mayoría de las veces los ingresos están sobrestimados y los gastos se incrementan sin control, lo cual se traduce en mayores desequilibrios y brechas fiscales. No se toma en cuenta la verdadera capacidad de pago que tiene el país, los ingresos reales que se espera tener y casi nunca se consideran los ahorros en materia del gasto público. La carga tributaria recae sobre los mismos contribuyentes y se hace poco en ampliar la base tributaria, eliminación de subsidios y de exoneraciones.

Otro aspecto importante a considerar es qué tan racionales son los impuestos desde el punto de vista del costo de recaudación y el grado de discrecionalidad en la aplicación e interpretación de las obligaciones fiscales. Por ejemplo, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) es un tributo muy costoso de administrar y que se presta a la evasión fiscal en cada una de las etapas del ciclo productivo. Habría que estudiar si un único impuesto a las ventas sería una mejor opción para el contribuyente y el gobierno. Y no se incurriría en devolución de créditos fiscales, operación que se presta a cobros indebidos y corrupción en las instituciones de fiscalización y control.

Aquellos países que son prudentes y responsables en la administración de las finanzas públicas, con presupuestos nacionales coherentes a la realidad nacional logran condiciones de crecimiento y prosperidad. Mientras que naciones que aumentan sistemáticamente los impuestos y el déficit fiscal propician en algún momento que acreedores internacionales tomen el control de sus países e impongan drásticas medidas de austeridad en detrimento del bienestar general.

Si en verdad existe la voluntad política para resolver el problema fiscal, los gobiernos deben comprometerse a estructurar un sistema impositivo simple y de bajo costo de recaudación. Y, las sociedades de la región obligarse al pago correcto de los impuestos que corresponda. Lo que ya no es viable, es seguir formulando presupuestos desfinanciados. Es necesario proscribir el derroche, los gastos superfluos, los sobreprecios en la Obra Pública y en la proveeduría, la excesiva planilla de funcionarios públicos, nepotismo y pactos colectivos de trabajo gravosos para el Estado. ¿Estamos dispuestos a cumplir cada una de las partes con su tarea y responsabilidad?