Jueves 18 DE Abril DE 2019
Opinión

Desfile de bufos

Hablo del desfile de payasos grotescos, cómicos sin gracia, malabaristas de la trampa, engañabobos que día a día desfilan en la pasarela de la impunidad.

— Anamaría Cofiño K.

Seguramente el título va a remitirles a la Huelga de Dolores que ha estado en las noticias últimamente, gracias a que la nueva AEU está tratando de limpiar la corrupción de los espacios universitarios que fueron copados por los grupos delincuenciales, con apoyo de autoridades y ante la indiferencia o el miedo del estudiantado. Da gusto saber que quienes integran la más grande asociación juvenil, estén tomando en sus manos las riendas de dicha institución que históricamente ha sido fundamental en la vida política y cultural del país.

Pero no, no voy a hablar de La Chalana, del Sordo Barnoya o de Miguel Ángel Asturias. No, hablo del desfile de payasos grotescos, cómicos sin gracia, malabaristas de la trampa, engañabobos que día a día desfilan en la pasarela de la impunidad. De funcionarios y autoridades, locales y nacionales, juezas, magistrados, dipucacos, jefes, empresaurios y otros bichos que pululan en las esferas de poder, que están llevando el descaro y el cinismo a niveles insospechados. No digo sorprendentes, porque nuestra historia está plagada de personajes ridículos que se han enriquecido y han hecho demasiado daño, como los de ahora.

Estamos asistiendo –pagando cara la entrada– a este espectáculo donde malos actores interpretan papeles que les quedan grandes, como el susodicho presidente y varios ministros y alcaldes; como la canciller, que se ha encaprichado por sacar a Iván Velásquez de la CICIG, o el militar que no tiene valor de enfrentar a la justicia. Son francamente patéticos, no saben cómo enmascarar su mediocridad. Se muestran tal cual son, corruptos que desean encubrir los crímenes cometidos o de los cuales han sacado tajada.

Como personas con discernimiento y criterios propios, estamos viendo las pésimas actuaciones de los perversos que se burlan de nosotros, degradando la función pública y robándonos nuestro derecho a vivir dignamente. Lo más grave sería dejar pasar los paquetes de leyes que fortalecen la impunidad y reducen nuestras libertades y derechos, criminalizando el derecho a la protesta, coartando la libertad de expresión, obstaculizando el derecho a la organización y que, basándose en prejuicios religiosos, buscan controlar nuestra sexualidad. Este paquete de iniciativas que diputados señalados de cometer delitos impulsan, como la 5385, que promueve la impunidad en casos de violencia sexual, son un retroceso para la justicia, son la institucionalización de la delincuencia en el Estado.

No habría show si no hubiera público. No tendríamos este gobierno enclenque si no hubiesen votado por gente que no tenía ningún rasgo para ser buen dirigente y que además, traía historiales políticos nada transparentes. De alguna manera, nos han convencido que la política es sucia, que allí solo se llega a lucrar. El enriquecimiento ilícito se ha vuelto una forma de vida extendida. Los escrúpulos son cosa del pasado, parece.

Los discursos que los poderosos transmiten dan vergüenza ajena. Quieren hacernos creer que no hay más que aguantar, hasta que la impunidad nos ahogue.

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