Jueves 21 DE Febrero DE 2019
Opinión

La izquierda guatemalteca ayer y hoy (V)

Yankee go home!

— Gonzalo Asturias Montenegro
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En los artículos anteriores, analicé los distintos partidos políticos de izquierda que han jugado al poker electoral guatemalteco, en el que, como se sabe, se apuesta una buena cantidad de dinero, y hay un pay for play. Ahora me ocupo de los sindicatos, que es base electoral generalmente de izquierda, para luego analizar a los partidos políticos de esta tendencia que están en formación.

De razonables planteamientos históricos de mejores condiciones de trabajo, algunas formaciones sindicales, en forma de camaleón, mutaron su color para mejor abalanzarse camufladas sobre el botín que representan los fondos públicos, a través de los pactos colectivos de trabajo del sector público, muchos de los cuales son vergonzosos en un país pobre, sin mencionar el hecho de que generalmente son fruto del chantaje. (Joviel Acevedo se autodefine como tramposo). En estos pactos se incluyen cláusulas tales como que los puestos son hereditarios o que tienen aumentos de sueldo anuales del diez por ciento, o que haya que proveer a los trabajadores hasta el papel higiénico que utilizan en sus casas. Muchos sindicalistas cobran su sueldo y unos viáticos abultados por dedicarse no a una labor pública (atender el puesto para el que fueron contratados) sino exclusivamente a actividades estrictamente sindicales. A todo ello, se suma ahora el hecho de que con buen ojo de buitre, los sindicalistas radicales han caído sobre los fondos públicos mediante el cobro de bonos extraordinarios, que el año pasado, solo en el Ejecutivo, sumaron 659 millones de quetzales, mientras muchos niños desnutridos requerían de ayuda alimentaria urgente, que no les llegó porque se fue en el desagüe de los bonos. Por lo demás, los nombres dados a esos bonos no han sido tan creativos como el de Bono de Carnaval, con el que cómicamente Nicolás Maduro nombró al que recientemente dio en la Venezuela agobiada por una inflación de más del dos mil por ciento.

Entre tanto, en el campo estrictamente político y electoral, hay dos formaciones de izquierda en proceso de convertirse en partido político. La primera de ellas es el Movimiento para la liberación de los pueblos, ligado a Codeca y a los ladrones de energía, que justifican el robo diciendo que no es robo sino hurto, lo cual es una bizantinada que yo, con seis años de ir varias horas, todos los días a la Universidad, y tres más yendo algunas noches a la Facultad de Humanidades de la Carolina, no entiendo. (¿Será que soy un zoquete?) En el siglo pasado, cuando tuvo lugar la descolonización en África, se utilizó la frase de liberación de los pueblos, que luego con el triunfo de la Revolución cubana se incorporó conceptualmente al léxico de la izquierda latinoamericana (yankee go home), y recientemente fue también incluida en la terminología del Socialismo del Siglo XXI de Hugo Chávez y Nicolás Maduro de Venezuela, cuya embajada en Guatemala, ahora está “ilustrando” en esa filosofía política periclitada a dirigentes sociales del país, incluidos, al parecer, los de Codeca. En estas pláticas, que se niegan sean de proselitismo ideológico, solo se explica la teoría porque, la realidad es otra: Venezuela, siguiendo esas políticas líricas, es ahora un país quebrado, sin libertades básicas (entre ellas, la política, electoral y de prensa), manejado en forma despótica y represiva, a pura bota militar, y en forma corrupta: ponen a Venezuela como paradigma siendo solo una aporía en el sentido socrático de la palabra. Los hurtadores de energía mejor deberían buscar asesores económicos en el Partido Comunista chino, que, sin ninguna duda, les darían mejores consejos. El nombre de este partido sugiere (por la pluma se conoce al pájaro) que será, si llega a legalizarse, un partido populista de izquierda, que no tendrá nada que aportar al país.

En Guatemala, los ladrones de energía han realizado retenes en las carreteras que afectan la producción y la productividad del país ahuyentando, peor que repelente de insectos, a la inversión extranjera, que es la que genera puestos de trabajo con IGSS, Irtra y demás beneficios sociales, así como recursos para la SAT. A quienes tenemos un puesto de trabajo estable no nos afecta que no haya inversión que cree empleos, como sí lo hace con los desempleados, entre los cuales, por supuesto, figuran muchos de los ladrones de energía. A los de Codeca urge darles un curso intensivo sobre lo que representa la productividad para un país, que es la que aumenta la riqueza y los salarios. Por lo demás, jamás tendrán conciencia ni indemnizarán a nadie por las las pérdidas que causan al transportista de perecederos (fruto del trabajo de hortalizas, muchas veces artesanales), a los exportadores y a los vecinos pacíficos que transitan por las carreteras, cuyo derecho humano a la libre locomoción vulneran impunemente, sin que ello le importe al Procurador de los Derechos Humanos, más preocupado de la promoción de su imagen.

En el sexto, y último artículo, examinaré al partido en formación Semilla. ¡Será interesante!

gasturias@gmail.com

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