Miércoles 24 DE Abril DE 2019
Opinión

Chile y la comida chatarra

“Nuestra hipótesis es que la liberalización comercial de la agricultura, lejos de mejorar la seguridad alimentaria, la ha empeorado”. Gerardo Otero “Dieta neoliberal y comida chatarra”.

— Edgar Balsells

El pasado domingo el suplemento The New York Times, publicado por elPeriódico, divulgó el artículo titulado “Chile declara la guerra a la comida chatarra”, y como algunos aquí admiran a Chile a manera de sinécdoque, es decir, explicando sus éxitos de hoy tan solo por un breve período de dictadura, no reconocen los legados y la búsqueda de equilibrios de un país que avanza en educación y en mejora de ingresos, pero que debe contrarrestar los excesos, y es por ello que nos referimos a este interesante proceso regulatorio: La Ley de alimentos, que se ha considerado hoy en día como la más completa del mundo, y que debiera servir de ejemplo, principalmente para los ministros de Salud y Educación de América Latina.

Dicha Ley entró en vigor en junio del año pasado, luego de mucho tiempo de diseño, retrocesos y búsqueda de consenso, y fue movida por médicos y expertos que transitan en la arena política y saben de los daños a largo plazo que la comida chatarra le está causando a una población cada vez más obesa. Más específicamente se conoce como Ley sobre la Composición de los Alimentos y su Publicidad, y ha venido reconvirtiendo gradualmente los negocios de la comida rápida y sobresaturada, colmada de azúcar, sal, sodio, grasa y preservantes químicos. La ley recoge las principales recomendaciones internacionales para combatir la obesidad, promoviendo entornos alimentarios saludables e instalando el etiquetado frontal, claro y sencillo; además restringe la publicidad de alimentos dirigida a la niñez, protegiendo el ambiente alimentario escolar, algo que es fundamental en nuestro ambiente escolar público y privado.

La ley establece límites graduales sobre consumos permitidos en Energía/kcal por gramos y mililitros; por ejemplo reducciones graduales en miligramos de sodio por cada 100 gramos, o bien de azúcar y grasas saturadas, y todo ello adaptado también a las bebidas. Además impone sellos de advertencia en torno al consumo de azúcar, grasas saturadas, sodio y calorías. Y es más, se efectúan profundas reformas a la autoridad sanitaria encargada de la regulación, que está domiciliada en el Ministerio de Salud. El sector académico se encuentra estudiando las reacciones de los usuarios, incluyendo el famoso impuesto al azúcar, del 18 por ciento, siendo el mismo uno de los más elevados del mundo.

De acuerdo con la FAO y la Organización Panamericana de la Salud –OPS– esta es la primera ley del mundo capaz de incorporar el etiquetado frontal, las restricciones a publicidad y restricciones de productos en expendios escolares, medidas estas que se vienen implementando desperdigadas y que han tenido buenos éxitos en México e Inglaterra, no así en Colombia en donde la industria de bebidas y de comida chatarra en general ha venido bombardeando los diseños iniciales, buscando el apoyo de los vendedores callejeros que pululan en las ciudades y solo basta con pararse en la 6a. calle y avenida La Reforma un día hábil para observar el clúster de los shucos y los expendios informales satélite que combinan la comida chatarra industrializada con la casera de vendedores que transporta peligrosos cargamentos de salmonela y otros géneros bacterianos.

Los países exitosos son aquellos en donde los esfuerzos de la productividad del trabajo y del capital se combinan con las realizaciones de la política social que por aquí se desenvuelve en un marco de ignorancia e indiferencia, derivado de la creencia que el ser social se desenvuelve en un ambiente de individualismo libertario mal comprendido, y que está presionando al seguro social, a las finanzas públicas y al gasto de bolsillo en salud, en beneficio de la comida chatarra y un enfoque biomédico poco ético.

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