Martes 25 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Me cambio a las memorias

Por ahora me daré un descanso contándoles acerca de mis agradables o negativas experiencias de esa parte de mi vida que ha sido mi trabajo.

— Silvia Tejeda
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A partir de mi próximo artículo me dedicaré a compartir con los lectores rasgos de mis experiencias de juventud, cuando me inicié como recepcionista del despacho del alcalde de la ciudad de Guatemala, ingeniero Julio Obiols y su equipo de profesionales, capaces, honestos, caracterizados todos por un inconmesurable amor a Guatemala y una acrisolada honradez. Su formación profesional no necesitó nunca rodearse de asesores ni de cualquier séquito de adoradores, que se justificarían un salario. Ahí no trabajaban dioses, sino hombres y mujeres unidos para servir honestamente a todo el vecindario.

Por ahí comenzaré, hasta llegar a mi dificil papel de haber sido gobernadora del departamento de Guatemala y mis experiencias como la secretaria de Relaciones Públicas durante el breve gobierno del licenciado Ramiro de León Carpio. Compartiré algunos otros empeños laborales más y finalizaré contandóles de mis experiencias como catedrática universitaria, y de estos años en que me he convertido en una aprendiz de agricultora, siempre siguiendo una línea familiar romántica, apegada a un terruño que viene como legado de más de cinco generaciones. Imagínense poseer un poco de tierra, en estos días.

La decisión la he meditado suficiente tiempo. Desde mi personal perspectiva, los tiempos no se vienen tan abiertos para quienes hemos disfrutado un lapso de más de 35 años de apoyarnos en el valor ciudadano de la libre expresión del pensamiento, para comunicar un enfoque, una manera de pensar sin servir a un amo. En mi caso, mucho menos, para escribir columnas saturadas de servilismo.

La represión, de una forma o de otra, para los medios que no se prestan como instrumento de la propaganda oficial, ni para orquestar las mentirosas campañas desestabilizadoras, al estilo de los viejos tiempos, ya se avizora a la vuelta de la esquina, en las muertes de comunicadores de provincia, como advertencia a los demás. Si no llega por esa burda ley que entusiasma a los grupos defensores de la corrupción, del crimen y del saqueo, vendrá como la misma práctica que los grupos empecinados en mantenerse en el poder, ya estarán fraguando. Otra dos muertes de periodistas no sería extraño que nos sorprendieran nuevamente.

El ámbito político de confusión en que transcurrimos actualmente, sacudido por la develación del cinismo y corrupción de los vendidos oportunistas que hemos llevado a los cargos de poder más importantes es para mí, una realidad asqueante. Permite descubrir la esencia de podredumbre que caracteriza a los delincuentes que juegan a la política burlándose de la credulidad de un pueblo que les ha dado su confianza plena. La mayoría delincuentes. La mayoría medradores de la miseria y el abandono de 15 millones de engañados.

En la década dificil de los años ochenta, Álvaro Contreras Vélez publicó en Prensa Libre mi primera columna y, desde entonces, me he dedicado a denunciar abusos y desmanes de políticos y sus séquitos de serviles abusadores de nuestros derechos constitucionales. Y mire usted, en lo que esos poderes han convertido nuestro amado país. Por ahora me daré un descanso contándoles acerca de mis agradables o negativas experiencias de esa parte de mi vida que ha sido mi trabajo, como una mujer que nació en el siglo XX y que está todavía en el siglo XXI para compartirlo.

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