Sábado 20 DE Abril DE 2019
Opinión

El enemigo tiene menos derechos

Aunque no lo creamos la pena si resulta ser una pena.

— Rodolfo Neutze

Günther Jakobs acuñó el término denominado el “Derecho Penal del enemigo”. El autor afirma que en la actualidad los Estados no catalogan a todos los ciudadanos por igual, sino que están “las personas y los enemigos”. En esta teoría penal estoy seguro de que no aplica ninguna restricción o limitante ideológica, o sea no ataca a un espectro y al otro no. Siendo pragmáticos vivimos en un mundo donde todo aquel que no piensa igual que yo, aunque todavía no haya cometido un delito, pero a través de sus actos o ideas puede llegar a romper el orden jurídico, es un verdadero enemigo.

Desafortunadamente estamos viviendo en Guatemala una verdadera psicosis en donde todos los demás que no piensan como yo son nuestros enemigos, y por lo tanto sus derechos son diferentes de los míos y sus penas deben ser más estrictas. Esta sed de venganza no solo nos está polarizando más, sino que en el mediano plazo hará que la desigualdad y pobreza existente en el país se agudice aún más.

Me ha tocado visitar a un par de amigos que tienen, a mi juicio erróneamente, prisión preventiva en Matamoros y Mariscal Zavala. Quiero compartirles a todos los que catalogan estos lugares como VIP (que comparados con otros centros efectivamente lo son) y dudan de que sus “enemigos” estén pagando sus fechorías, que hasta el pícaro más pícaro al estar encarcelado da lástima. No importa que la cárcel sea una jaula de oro. El preso, por muy fino que sea su entorno, está encarcelado y privado de su libertad.

Como sociedad debemos asegurarnos de que los delincuentes purguen sus penas adecuadamente, sin privilegios, pero tampoco sin castigos inmerecidos. No seré uno más que hable de la famosa presunción de inocencia y el debido proceso porque ya hemos visto que eso suena muy repetitivo. La ley es la ley, pero su aplicación también debe ser severa no subjetiva a quien se la estamos aplicando. Lo que sí creo que estamos haciendo mal es asegurar la posible reinserción social futura de los privados de libertad, por delitos “menores”. En mis visitas he conocido personas que tienen más de seis años de estar en prisión preventiva, que nada pueden hacer para entorpecer sus juicios, y que se han resignado a ver su condena como una de cadena perpetua. He oído historias de gente honrada que dice que en la cárcel ha aprendido que mejor si hubiera sido corrupta y ladrona, porque la justicia no existe y por lo menos la plata hubiera servido a su familia.

En sociedades más avanzadas vemos cómo las medidas sustitutivas funcionan. Tenemos ya leyes que estipulan maneras de controlar a los delincuentes fuera de las cárceles. Lo que nos urge es aplicar dichas medidas. Mientras abusemos de la prisión preventiva, porque queremos asegurarnos de que nuestro enemigo pague sus penas, vamos a perder la oportunidad de realmente cambiar Guatemala y fortalecer un verdadero Estado de derecho.

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