Lunes 21 DE Mayo DE 2018
Opinión

Unas palabritas faltaron, don Acisclo

Esta es la realidad. Tanto en la guerra como en la paz, el sector privado se convierte en sector público. John Kenneth Galbraith.

— Edgar Balsells
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El pasado lunes al filo del mediodía el gobierno presentó la Política Nacional de Competitividad 2018-2032. Interesante el período pues imaginemos cómo estaremos los guatemaltecos ya bien entrada la primera mitad de esta centuria, preocupación esta que fue parte del discurso de don Jimmy Morales, quien recibió de don Acisclo el documento elaborado por un buen número de actores componentes de la renombrada élite que por estos lares acostumbra hablar de temas vinculados con tan rimbombante palabra: La Competitividad. Y es que desde hace ya un buen tiempo, desde los inicios de los programas del ajuste estructural, un célebre Profesor de Harvard hizo buenos dolarucos extra con la sistematización de la palabrita, que comenzó a ser usada hasta la saciedad por prestigiosas escuelas de negocios como el INCAE, que invadió los recintos de toma de decisiones con el enfoque Porteriano de la competitividad.

De muchas cosas habló don Acisclo, ahora estrenándose como ministro de Economía, después de haber estado por un tiempo en el Pronacom, y antes de eso gerenteando una de las más grandes empresas de telefonía celular del medio. Y a propósito de tan importantes sitiales de toma de decisiones privadas y públicas, a mí me hubiera gustado recomendarle: “mire don Acisclo, de paso le recomiendo empujar la Ley de Competencia, sin enmiendas, porque es un gran clavo estar hablando de Competitividad, en el único país de América Latina que no tiene institucionalidad de la competencia de mercados.

Don Acisclo y don Jimmy abundaron en términos anecdóticos y futbolísticos para ejemplificar la tan ansiada competitividad, debiendo salir nuestra frustración colectiva de que no hemos podido ir al Mundial y a mediados de año tendremos que aplaudirle o bien a Messi, Cristiano, Ney o a cualquier otra luminaria de esas que ganan Euros por quintales. Y es que el balompié bien nos sirve para entender que sin competencia interna, sin una buena liga y sin viveros, salir al mundo con decencia competitiva es un sueño que tarde o temprano se convierte en frustración.

Pero como a mí me gusta el análisis crítico del discurso a lo Van Dijk, que es el padre de esa escuela analítica, apunté con esmero las palabras de don Acisclo, principalmente las del final, en donde comunicó a los presentes que estaría a disposición el documento en su versión digital, para leerlo, copiarlo, compararlo y equipararlo con otras políticas y agendas y finalmente criticarlo y mejorarlo. Le faltó entonces decir unas palabritas más: “para contribuir a implementarlo”.

El verbo implementar tiene raíces indoeuropeas y griegas. Los que manejan bien la lingüística y el idioma solicitan no abusar del término y mejor recurrir a sinónimos como: aplicar, ejecutar, cumplir, poner en práctica o llevar a cabo. Me encantan todos porque son parte de lo que el colectivo dirigencial guatemalteco carece por completo. Nuestro mundillo es el paraíso de las agendas: la agenda de Desarrollo Rural, la agenda del agua, la de la seguridad e incluso antes de la elegante Política de la Competitividad de hoy se tuvo más de quince años la Agenda de la Competitividad. Hace muy poco incluso don Jimmy Morales se plantó en el gran escenario de nuestro admirable Teatro Nacional, en pleno Centro Cívico, y se disparó ante los más cabezones de las Naciones Unidas, los compromisos de país de los Objetivos de Desarrollo Sostenible –ODS–; aunque no sé, porque no estuve presente, si hizo el pertinente MEA CULPA, de que sus antecesores se pasaron por el arco del triunfo los Objetivos de Desarrollo del Milenio que también fueron parte de un compromiso adquirido en el año 2000, y que tenían como Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre. Pasan los años y el primer objetivo de cualquier agenda sigue siendo un comportamiento de avestruz para los dirigentes.