Lunes 18 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Guatemala no es una vaca muerta

Cualquiera puede hacer “quién quilete” con los fondos del Estado dando premios arbitrarios y discrecionales.

Fecha de publicación: 09-02-18
Por: Silvia Tejeda

La imagen del título de este artículo será grotesca pero justamente permite que se puede ejemplificar el fenómeno acelerado que está sufriendo nuestra querida Guatemala. Es una realidad que políticos con poder de decisión estén ávidos de gastarse los fondos de sus inflados presupuestos en premiar trabajadores que, si fueran excelentes de alguna manera, ese rendimiento se reflejaría en los disminuidos índices de desarrollo humano y económico. La realidad es todo lo contrario. El país va para atrás, porque para cubrir los rubros impostergables como el atraso educativo, el crecimiento del analfabetismo, la falta de edificios, de mobiliario, de maestros, libros y refacciones escolares generalmente los funcionarios no asignan los fondos necesarios. El desolador panorama de esa situación no llega a incidir en esas mentalidades tan insanas que se identifican mejor en donar dinero para contar con huestes políticas que los apoyen. Solo es un ejemplo.

Ocho dependencias que fueron incapaces de ejecutar con eficiencia los fondos de su presupuesto 2017, a última hora dispusieron gamonalmente de Q659 millones para distribuirlos entre grupos de empleados que, a criterio del jefe, por su rendimiento laboral se merecían “el bono monetario único” o “el bono a la excelencia”. A este abuso legal –dicen– hay que sumarle todos los casos de colaboradores cercanos al mandatario, que justifican dos y hasta tres salarios en distintas dependencias o contratos agregados que los delegados de la Contraloría General de Cuentas en esas oficinas matienen en silencio.

Si usted alguna vez vio una vaca inerte tirada en un camino o en algún potrero, visualizará mejor esta descripción: Los insectos, las ratas, los perros, los lobos y los zopilotes carroñeros y cuanto animal la ha visto derrumbarse poco a poco, preparán su acecho silenciosamente y esperan. Ya cuando se dan cuenta que cayó vencida y no se mueve, sin protección y fría, le caen todos, con el más despiadado de los instintos hasta no dejar en los huesos ni una fibra de su carne. Como sucede en un Estado fallido en el que los políticos de turno, no se tientan el alma para caerle con los pocos espacios de partidas
presupuestales.

Es obligado preguntarnos dónde se ocultan las leyes y normas institucionales que debieran hacerse cumplir. Cualquiera puede hacer “quién quilete” con los fondos del Estado dando premios arbitrarios y discrecionales, abusos a los que la Contraloría de Cuentas no se opone ni opina hasta hoy. Permitirlo es desde todo punto de vista una jugada inmoral e inoportuna, teniendo Guatemala tantas carencias por el saqueo perpetuo del que es
víctima.

Hay que darse cuenta, denunciar y protestar por esas nuevas afrentas de saqueo que se están cometiendo en los medios del poder oficial. Es una acción injusta e inmoral. De la misma manera que se destaparon los millonarios escamoteos por las plazas fantasmas, esperemos que alguno de los grupos no favorecidos cuente los entrecijos de los compromisos adquiridos.

En esta nueva, injusta y abusiva forma de dilapidar los impuestos de los contribuyentes, las autoridades encargadas del control presupuestario deberían reaccionar defendiendo la distribución de los fondos para los rubros más urgentes que no deben anularse. Guatemala todavía no es esa vaca muerta en que quisieran convertirla los buitres carroñeros. Yo, protesto.