Sábado 19 DE Octubre DE 2019
Opinión

El legado de Aldo Castañeda

Gracias a Aldo la brecha entre el acceso a la salud entre los que tienen mucho y los que tienen poco se ha cerrado al menos un poco.

Fecha de publicación: 09-02-18
Por: Joaquín Barnoya Pérez

Este país sigue urgido de una masa crítica de gente comprometida con la verdad, la honestidad y la ética. Por eso considero oportuno que recién se reconoció la labor de Aldo Castañeda. Hay que conocer el legado del Doctor Aldo Castañeda, pero también el legado de Aldo Castañeda.

El legado del Doctor es fácil de conocer. Basta con revisar la literatura médica o visitar cualquier centro de cirugía cardiaca del mundo. Revolucionó la cirugía cardiaca pediátrica en el mundo. Además ha sido y será por siempre un docente ejemplar y un mentor para muchos.

Pero el legado más grande no lo hizo el Doctor Castañeda, más bien Aldo Castañeda. Y no fue en Estados Unidos durante sus más de 30 años de carrera académica, sino durante los siguientes 20 años de su “retiro”.

Para entender la diferencia entre ambos legados debemos repasar el contexto de donde se desarrolló cada uno. Su carrera académica se desarrolló en EE. UU. Este país invierte US$700 billones en investigación, el tres por ciento de su PIB. Guatemala tiene 15 universidades, invierte US$24 millones en investigación, el 0.05 por ciento del PIB.

Aldo siguió al pie de la letra la frase de Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Sabiendo bien quién era él, Guatemala se convirtió en su gran circunstancia. Por lo tanto el legado tenía que ser diferente. Guatemala es uno de los países más desiguales del mundo. En pleno siglo XXI la mayor parte de nuestra población no tiene acceso a servicios de salud de calidad. Este sistema de salud (y el económico), además de discriminar, favorece a los que tienen más con lo cual la brecha entre ricos y pobres es cada vez mayor. Tenemos uno de los índices más altos de desnutrición y una niñez cuyo presente y futuro le ofrecen pocas, o nulas, oportunidades. Y es en este contexto donde está el legado más grande, no del Doctor Castañeda, sino de Aldo. A pesar de tener la opción de un retiro cómodo como le correspondía, Aldo y Arcely (quien comparte estos méritos) tomaron la opción de venir a Guatemala. Estableciendo la Fundación Aldo Castañeda y con el apoyo de UNICAR iniciaron el Departamento de Cirugía y Cardiología Pediátrica que cumple con los estándares internacionales de diagnóstico y tratamiento de enfermedad cardiaca congénita. Pero hay que ver más allá del proceso salud-enfermedad. El esfuerzo de Aldo es uno de los poco ejemplos que hay en Guatemala de cómo podemos proporcionar atención médica de primer nivel a toda la población sin distinción de raza o nivel socioeconómico. Gracias a Aldo la brecha entre el acceso a la salud entre los que tienen mucho y los que tienen poco se ha cerrado al menos un poco.

Aldo repite constantemente la frase de Sócrates, “Una vida sin examen no merece la pena ser vivida”. Examinar la vida de Aldo nos debe recordar la urgente necesidad de crítica y constante cuestionamiento del ayer y del hoy para buscar un mejor mañana.