Jueves 17 DE Octubre DE 2019
Opinión

Los Colts y los zapatos de Bonerge

Aquí, pesa más ir a pedir la cabeza del comisionado de la CICIG por un tema personal, que la representación de un país..

Fecha de publicación: 07-02-18
Por: Italo Antoniotti

“Tan vergonzoso es que una persona ilegalmente en nuestro país haya matado al linebacker de los Colts Edwin Jackson. Esta es sólo una de muchas tragedias previsibles. Debemos lograr que los demócratas sean duros en la frontera y la inmigración ilegal RÁPIDO!”

Este es el tuit que ayer temprano el presidente de los Estados Unidos escribió tras la muerte del jugador de fútbol americano y su esposa a causa de un piloto ilegal que conducía un camión en estado de ebriedad, por no decir “bien abeja”. El responsable había sido deportado en un par de ocasiones, chapín y reincidente; un botón perfecto para Trump que con ello puede reforzar su férrea posición con respecto a los inmigrantes indocumentados.

Por si fuera poco, el mismo presidente Trump hace cuatro días dijo que Honduras, El Salvador y Guatemala no eran países amigos; en el marco de una conferencia de prensa por el tema de narcotráfico, incluso amenazó con cortar terminantemente la asistencia norteamericana y poner trabas al comercio con estos países centroamericanos. Por algo similar Peña Nieto debió suspender una gira prevista con su vecino del norte, pues representa la unidad y dignidad de una nación. Aquí, pesa más ir a pedir la cabeza del comisionado de la CICIG por un tema personal, que la representación de un país.

El intento ya falló ante la ONU y el papel de la condecorada canciller fue más que penoso.

La treta de trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén con el objetivo de congraciarse con los grupos fundamentalistas del partido Republicano y así lograr el cambio de Velásquez –incluida la modificación del mandato– fue otra jugada demasiado aldeana. Se pensó de la misma forma cuando el canciller Toriello creyó que la Unión Soviética acudiría con el ejército rojo a salvar la revolución tras la llegada de la liberación; quizá convendría desempolvar “La derrota de una batalla” del maestro Clemente Marroquín Rojas.

Tal parece que el mandatario perdió totalmente el norte, decidió quemar sus naves y se lanzó a combatir los molinos de viento, solo que en esta versión del cuento el protagonista es Rocinante. Puede que lo manden de regreso con todo y chofer bolo; o que a los gringos se les ocurra ampliar el mandato de CICIG para que controle las fronteras y evite la salida de ilegales.

Ahora existe el rumor que Morales sopesa la opción de denunciar el acuerdo que establece CICIG con Naciones Unidas, lo que equivaldría a un suicidio político y precipitaría la caída irremediable del régimen. El jugador decisivo sería de nuevo la Corte de Constitucionalidad, un ente que se ha convertido en el árbitro supremo del país, debido al deterioro institucional de los poderes del Estado y para más drama, un magistrado es la bisagra de ese dividido organismo. La verdad, no quisiera estar en los zapatos de Bonerge Mejía cuando llegue esa
hipotética situación.

Otro escenario supondría que en un evento llamado por los alcohólicos “momento de claridad” el presidente ponga los pies sobre la tierra, trate de controlar daños y busque rectificar. Para empezar, lo sensato hubiese sido suspender la reunión con el mandatario estadounidense tras los comentarios vertidos el sábado pasado sobre la “no amistad” entre ambos países; hacer la respectiva consulta con nuestro embajador en Washington y que cancillería contactara al Departamento de Estado para aclaraciones y matices.

Respecto a la denuncia del acuerdo, se trata de una acción disparatada que únicamente traerá consecuencias nefastas para Guatemala. De seguirse este curso, el país terminará en el Averno.