Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Jimmy Morales, perdido en su propio laberinto

— Jose Rubén Zamora
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Muy mal se ve el viaje de hoy del presidente Jimmy Morales a Washington: va con la cerviz baja y con gran incertidumbre, pues a estas alturas nadie sabe y menos aún él, si va poder saludar a Trump. No tiene prevista ninguna reunión de alto nivel. De entrada, Tillerson, está en América del Sur, luego que desde Austin, Texas, le envió un meta mensaje demoledor al propio presidente Morales, quien según parece no tiene la menor idea del camote en que está metido. Jimmy debió –por dignidad– quedarse en Guatemala, luego de la alusión tan dura, despectiva y severa de Trump hacia Guatemala: fue una crítica y una amenaza directa y severa.

Morales debió haber pedido explicaciones al señor embajador Arreaga para entender con claridad y en toda su dimensión las declaraciones de Trump. Hubiese sido mejor que cambiara de destino y viajara a Nueva York, para meditar en el Central Park el significado del momento político que está viviendo y el embrollo en el que Sandra Jovel, que de canciller tiene lo que tengo yo de astronauta, y Espina, nuestro inexperto embajador en Washington, lo están metiendo. Por supuesto, sin acercarse a las oficinas de la ONU.

Las conversaciones con la ONU sobre la revisión del mandato están en punto muerto, como fue evidente con el vergonzoso viaje de Jovel, el jueves pasado, centrado en reiterar necedades al secretario general Guterres.

En fin, el viaje de Jimmy Morales a Nueva York es una vergüenza nacional y carece de objetivo y sentido y es interpretado en D.C. como que va a pedir cacao y perdón, pero quién sabe a quién, pues no tiene cita seria con nadie y seguramente Manuel Espina, en uno de los cuartos aledaños, al enorme salón de conferencias del hotel Hilton, en Connecticut Avenue, donde desayunarán alrededor de mil quinientos (1,500) comensales y donde se presentará Trump cuando ya todos estén sentados, dará un discurso y se retirará al terminarlo, sentará al Presidente con tres o cuatro senadores y diputados que no saben ni dónde queda Guatemala, o piensan que queda en África, para que escuchen sus letanías.

Cuando Sandra Jovel estuvo en Nueva York la semana pasada, hubo un acuerdo pedido por ella, de que no se haría público lo tratado en la reunión. Sin embargo, Jovel dio declaraciones públicas ayer, de lo que supuestamente habrían discutido allá. Por esta razón, la oficina del Secretario General de Naciones Unidas se sintió liberada del compromiso de mantener en reserva lo que se discutió y palabras más, palabras menos, manifestó: “La CICIG es un problema para la actual administración, no para el Estado de Guatemala ni para la sociedad guatemalteca. La actual administración (obviamente la de Jimmy Morales) no está protegiendo a la sociedad. Se está protegiendo a sí misma”.

Ojalá, aunque sea por un instante y de lejos, Trump sin reconocerlo salude a Jimmy Morales o al menos le dirija una mirada perdida. Es lo menos que puede suceder después del regaño y la amenaza que le hizo el viernes pasado.

Washington es una ciudad/jardín/monumento/museo donde Jimmy Morales puede caminar mucho y reflexionar con serenidad sobre su propio laberinto, que en este caso sí tiene salida, y sobre los papelones de comparsa de segunda, que sus altos funcionarios y consejeros de liga mosquitos lo hacen vivir y pasar innecesariamente. Para fortuna de nuestro Neil Armstrong Tropical, es muy posible que ni siquiera se percata que lo hacen comportarse y verse como un presidente excéntrico y perdido, típico de los presidentes que Trump desprecia y ve con desdén y a cuyos países ha denominado de alguna manera como cloacas.

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