Domingo 23 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Más allá del pacto de élites

Lo que parece que las élites no aprendieron, es que la resistencia es una acción colectiva, no individual.

— Maya Alvarado Chávez
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Levantar la mirada por sobre la podredumbre que se concreta ante nuestros ojos, es un ejercicio necesario para pensarnos como país. Los pactos de  élites no son una novedad, de hecho el Estado de Guatemala se ha erigido sobre ellos. Esos pactos, para concretarse,  requieren de la corrupción y también de la criminalización de quien piense diferente.

En meses recientes hemos presenciado cómo los sectores más conservadores se han unido  para imponer su control en los poderes del Estado. Mientras esto ocurre y la población urbana inunda las redes sociales de mensajes al respecto, han sido detenidas personas, principalmente del pueblo maya q’eqchi’, que lideran batallas en defensa de la vida en sus territorios. Abelino Chub Caal, María Cuc Choc, y ahora Bernardo Caal Xol. Esto sin mencionar la persecución en otros territorios.

Estas personas, maestras y maestros, campesinos, activistas sociales, han denunciado en las instituciones del Estado los atropellos, amenazas y atentados por parte de las empresas transnacionales y nacionales que intentan despojar a sus comunidades. Hoy el sistema de “justicia” les persigue y criminaliza por defender derechos colectivos, así como la tierra, el agua y el aire que dan vida a los pueblos.

En estos momentos en que el neoliberalismo arremete contra las comunidades que defienden sus territorios del despojo, no extraña que se entretejan acuerdos entre los sectores más conservadores que no tienen remilgos en permanecer en las estructuras del Estado y ostentar su poder. Las amenazas del alcalde capitalino de “pasar sobre las cabezas de la prensa” que tenga la osadía de disentir de su proyecto colonial/neoliberal/patriarcal, solo confirman la forma de operar de estos sectores para garantizarse impunidad y corrupción como mecanismos de mantenimiento de sus privilegios, a través de una institucionalidad a la medida de su voracidad.

La persecución contra comunidades mayas y sus liderazgos más visibles es una constante en el actuar de las élites, tal como ha quedado demostrado en los juicios por violaciones a Derechos Humanos cometidos durante el enfrentamiento armado. Así, la represión prevista por analistas, es prioridad para quienes abanderan el pacto de élites. Las prácticas remiten a la estrategia contrainsurgente: Desalojos de comunidades, mujeres sacadas de sus casas en medio de la noche para presionarlas a ceder sus terrenos; violencia sexual por parte de las agencias de seguridad que cuidan los intereses de las empresas, amenazas a líderes. Todo esto no se denuncia, porque hay memoria del terror contrainsurgente y la justicia “es una serpiente que solo muerde los pies descalzos”.

Lo que parece que las élites no aprendieron, es que la resistencia es una acción colectiva, no individual. Muchas Marías, Bernardos y Abelinos se mueven no desde el 2015, sino desde siempre. Desde siempre también se les persiguió, encarceló, desapareció y asesinó.

Más allá del pacto de corruptos, un horizonte de resistencias está avanzando, con dificultades pero avanzando, aunque eso, los patrocinadores de la impunidad  prefieren no oírlo, no verlo y continuarán insistiendo en callarlo.

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