Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

“Cosas gruesas pero gruesas”

— editorial
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Como se recordará, el expresidente Álvaro Colom (2008-12), de manera inaudita, se autocalificó como “inútil para gobernar” y reconoció que la que efectivamente gobernó fue su exesposa, Sandra Torres, quien, según el exministro de Finanzas, Juan Alberto Fuentes Knight, fue la “primera ministra de facto”, la verdadera jefa de gobierno, que dirigía y coordinaba el gabinete de ministros, y quien disponía de los recursos públicos a su antojo.

Durante el régimen de Colom, de corte populista autoritario, se aprobaron gigantescos presupuestos estatales desfinanciados, que redundaron en la duplicación de la deuda pública interna en cuatro años. En promedio, se gastaron Q60 millardos anuales, que no se tradujeron en nada de nada; ni una sola obra pública relevante se recuerda de la época de este oscuro período presidencial, que terminó con una aprobación popular de solo tres por ciento.

Todos los fondos asignados se fueron en saqueo o desvío y en la exagerada promoción del “gobierno de Colom” , en una multimillonaria “deuda pública flotante” no justificada (Q15 millardos), en un oscuro, desaforado e incontrolable clientelismo político, en grotescos negocios multimillonarios como el Transurbano y el subsidio al transporte urbano capitalino, que el Congreso, controlado por la camarilla gobernante, apoyó con renglones presupuestarios adicionales, aunque la Constitución lo prohíbe expresamente.

Por otro lado, el negocio irregular del Transurbano se inició por acuerdo suscrito por Colom y sus ministros, a través del cual se autorizó la entrega, en concepto de “aporte económico de inversión”, de millardos de quetzales a la Asociación de Empresas de Autobuses Urbanos (AEAU), cuyos asociados son empresas lucrativas, que se documentó a través de un “convenio privado” suscrito por el Ministro de Finanzas y la AEAU. Después vinieron los buses sobrevalorados en Brasil.

El Congreso, bajo el régimen de Colom, también fue un “nido de corrupción”, un mercado de diputados constructores, en donde se desvanecieron nada más y nada menos que Q82 millones en “inversiones fantasmas”. Por cierto, el diputado Mario Taracena (UNE) confesó públicamente que el régimen de Colom estuvo infiltrado por el crimen organizado y que durante dicha gestión gubernativa ocurrieron “cosas gruesas pero gruesas”. También se aprobó una injustificada exoneración fiscal por Q700 millones para el Transurbano.

Por supuesto, lo anterior sin perjuicio de los despropósitos en Fonapaz, Sepaz, SCEP, Renap, Consejos de Desarrollo, ministerios de Gobernación y de Relaciones Exteriores, ni del trasiego de grandes cantidades de dinero en efectivo a través del Protocolo del Aeropuerto La Aurora.

No debe olvidarse tampoco que el exgobernante Colom viajó a lo grande, entre fanfarria y oropel, al punto que cayó de paracaidista en Rusia, se casó en Cuba, a donde viajó con miras a condecorar (con la Orden del Quetzal en Grado de Gran Collar) al dictador cubano Fidel Castro, aunque este ni siquiera lo recibió; y, estando de viaje, canceló, por estar indispuesto, una trabajada visita oficial al Elíseo en París, Francia, que dejó mal parado al Estado de Guatemala.

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