Domingo 20 DE Mayo DE 2018
Opinión

El magistrado Arturo Sierra González

Cuando los amigos se van.

— Helmer Velásquez
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Esta nota puede acometerse, desde diversos ángulos. El político, conlleva hurgar en la intención de los autores. Los “intelectuales” del crimen. Habrá que leer la línea oculta, descubrir el mensaje detrás del crimen. ¿Es este un martirio destinado a amedrentar administradores de justicia? ¿Los denarios del sicario salen de los dineros públicos? Esta hipótesis implica una avanzada de los Arcángeles caídos, aquellos que esconden su culpa con invocaciones al altísimo. Sí, acompañadas, además, de altisonantes peroratas en defensa de la forma republicana de gobierno. Individuos de mente perversa, matan por salvar sus dineros y “el honor” de la familia, tienen terror del escrutinio público. Se justifican, con aquello de que el fin justifica los medios. ¡Ay de ellos! Sus generaciones venideras, pagarán la cuenta de sus actos criminales. Nada justifica esta razia de hombres de bien.

Dicho lo anterior, enfoco estas letras, a reconocer la calidad humana del maestro, abogado, compañero, y amigo. Encontré a Sierra González, en los senderos universitarios, estaba dedicado a la docencia, firme, al lado de los sectores democráticos, trabajando en la defensa de la autonomía universitaria, y abonando a una formación académica, científica y ética. Mantuvo una actitud radicalmente contraria a aquellos “académicos” que hicieron de los títulos universitarios una subasta, que prostituyeron la academia. Vendieron a mafias y poderes fácticos el voto universitario en Cortes, Junta Monetaria y otros cuerpos colegiados con presencia de la Carolingia. Coincidimos con Sierra González en otros tramos de la vida. La calle, uno de ellos. En el ejercicio profesional, obviamente, salvando distancias de experiencia y conocimiento, el “Lic. Sierra”, fue nuestro consejero y asesor. Luego, por esas vueltas que da la vida, Sierra González nos impuso el botón de Abogado y Notario, aún recuerdo su expresión de satisfacción, porque ¡al fin! obtuvimos la cualificación universitaria. Tantas veces había insistido en ello. Un hombre del pueblo, de raíces rurales, llano, formado a pulso en la universidad pública y la constante autoformación.

Sierra González perteneció a esa generación de abogados sangrada por la horda militar. A estos días estará de nuevo conversando, con Santiago López, Manolo Andrade, el Abuelo Arango, Mito Alonso, Guillermo Monzón Paz, Johnny Dahinten y todos los muchos de antes. Así que licenciado Sierra. Gracias por su incondicional apoyo. Ya volveremos a vernos en aquellos míticos confines. De nuevo mi abrazo fraterno a su familia, particularmente a su esposa e hijas. La justicia guatemalteca pierde a uno de los grandes. Está ahora en el jardín de los justos.