Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

LA CANTINA Cambios generacionales de fondo

Generaciones distintas conviviendo diariamente, un gran reto para dejar atrás la vieja escuela y permitir ser la aclamada generación del cambio.

— María Kaltschmitt
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Soy parte de una nueva generación, la de los afamados o difamados millennials. Verdad o no lo que aseguran de nosotros, me cuesta creer si realmente somos una generación muy distinta a las pasadas. Me encantaría afirmar por unos cuantos que somos una más inquieta al resto. A decir verdad, una menos egoísta, más crítica, menos distante y más consciente. En general una más empática con la realidad del país, más dispuesta y comprometida a dejar a un lado los miedos, intereses y alineada en realizar los cambios no solo de forma que tanto exigimos.

Sin embargo, a pesar de muchas excepciones, pareciera que la regla continúa siendo una generación en su mayoría aún programada con el mismo chip de indiferencia que el resto. Varios siguen conservando viejas maneras o mañas de cómo hacer las cosas, de cuestionarlas y de involucrarse poco o nada para resolverlas. Somos una generación mayormente más conectada a la tecnología, pero también más desconectada de la realidad del país. Varios se han convertido en repetidoras de alto alcance digital, creyéndose dueños de la verdad absoluta y basando su seguridad en hijos de quien sean. Con frecuencia hablan de alguien más, señalan, encasillan, estereotipan, se quejan o descalifican sin mirar a su alrededor o a ellos mismos. No dudo que lo que está cerca o es de uno, es más difícil de cuestionar. Sobre todo, cuando de corrupción se trata.

Aunado a lo anterior, somos una generación expuesta a otras en conversaciones que drenan los comedores de nuestras familias, empresas, cafés o reuniones entre amigos las cuales terminan en argumentos de “¿estás con o en contra?” dando lugar a pláticas perversas que sacan de contexto cualquier objetividad. Razonamientos con discursos trillados como el de “Guatemala será la próxima Venezuela” se nos repiten una y otra vez. Y es que es así como continuamos tragándonos entre generaciones comentarios de ideologías extremas totalmente expiradas, infundadas aún por el terrible temor que predomina. Igualmente, pese a estar a un clic de cuantiosa y amplia información, estamos más propensos a buscarla siempre en estos mismos espacios que nos generan “confianza” o desde cuentas en redes sociales de quiénes seguimos, que por lo regular son de personas iguales, cercanas o muy parecidas en pensar y actuar a nosotros.

Me pregunto entonces, ¿Cómo pensamos ser la aclamada generación del cambio? ¿Cómo estamos construyendo esos puentes con los que piensan distinto, para llegar a los consensos mínimos que el país necesita? ¿Desde nuestros búnkeres ideológicos? ¿Desde nuestras cuentas en redes sociales, chats o videos virales? ¿Desde las salas o comedores de nuestras casas? ¿Desacreditándonos de lejos? ¿Señalándonos en secreto?

En definitiva, las nuevas generaciones debemos de salir de nuestra comodidad y tener más valentía para cuestionar gastados comentarios extremos a los que diariamente somos expuestos, vengan de donde vengan. Al no hacerlo, nos autocondenamos, asilándonos más los unos de los otros, creando no únicamente más distancia entre nosotros, sino también entre las soluciones, acuerdos y consensos necesarios para lograr mejoras y cambios profundos donde más hagan falta.

Para llegar a ser la aclamada generación del cambio, debemos de comprender que no somos la generación del pasado o futuro, somos la del ahora. Si genuinamente deseamos cambiar Guatemala es inevitable empezar por romper el silencio, la indiferencia y el miedo entre generaciones.

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