Sábado 22 DE Febrero DE 2020
Opinión

Encendidos en patrio ardimiento

A ninguno de los políticos indignados con la lucha contra la corrupción se les vio antes rasgarse las vestiduras frente a graves problemas que afectan a diario a la población.

Fecha de publicación: 30-01-18
Por: Manfredo Marroquín

Con discursos que parecen salidos de la época independentista, políticos acusados de corrupción hablan de una afrenta a la soberanía nacional y una inaceptable intromisión en asuntos internos, aludiendo a valores patrios para defenderse de las acusaciones que pesan sobre ellos. Y en efecto, están peleando porque Guatemala nunca se independice de la corrupción y la impunidad que ha estado a su servicio desde la formación de nuestra República.

A ninguno de los políticos indignados con la lucha contra la corrupción se les vio antes rasgarse las vestiduras frente a graves problemas que afectan a diario a la población, como por ejemplo que la mitad de los niños menores de cinco años sufran condición de desnutrición crónica, situación que reduce en la práctica a la mitad el potencial de nuestro crecimiento futuro en todas las esferas de la vida, y que los pocos recursos destinados a revertir esta vergonzosa condición sean consumidos por la corrupción.

Tampoco se les ha visto molestos porque nuestro país lidere los últimos lugares de prácticamente la mayoría de indicadores de desarrollo humano y de corrupción y que seamos uno de los diez países más violentos del mundo. Tampoco se les vio indignados porque según la CEPAL, en su último informe seamos el país con mayor pobreza del Continente, hasta superados por Haití un Estado abiertamente fallido.

Para estos grupos, todo pasado fue mejor, e intentar remover los cimientos sobre los cuales construyeron su poder, resulta una afrenta inaceptable. Les disgusta que una institución como el Ministerio Público esté finalmente cumpliendo su misión y no puedan mantenerla cooptada como ocurre todavía con gran parte de las instituciones públicas. Cínicamente aducen que debería mejor perseguir a mareros y narcotraficantes, pero dejar sus delitos y fechorías sin castigo como si fueran una casta privilegiada con licencia para hacer lo mismo que el crimen organizado, pero sin ser perseguidos.

Intentan desesperadamente ganar adeptos, pero la gran mayoría de la población afectada por el desempleo, la violencia, la carencia de servicios públicos esenciales como agua y transporte, sabe que han sido esos mismos políticos los que nunca se ocuparon de resolver ninguno de esos problemas que ahora aquejan a millones diariamente.

Venir a reclamar persecución política cuando en la práctica lo que hicieron fue usar posiciones de poder para adquirir privilegios y negocios y dejar precisamente el ejercicio político abandonado hasta dejar a la sociedad sin carreteras ni servicios esenciales, es un acto de cinismo y/o desesperación.

Guatemala vive una nueva transición; devolvernos no es el camino. Por ello, debemos comprometernos con avanzar en vez de retroceder, comenzando por identificar puntos de no retorno.