Miércoles 17 DE Julio DE 2019
Opinión

Un bonito berenjenal

La moral es una conducta personal, íntima, un valor relativo variable que no es eterno al cambiar con el tiempo la noción del bien y del mal, de lo justo y lo injusto.

Fecha de publicación: 23-01-18
Por: Amílcar Álvarez

El novel presidente del Congreso afirmó en su discurso al tomar posesión del cargo que “las obligaciones son de orden moral y por eso son más importantes que los derechos. No podemos  seguir comprando la idea según la cual ya no hay nada sagrado, que todo es relativo”. Su alusión a valores cuya interpretación difiere en culturas comunes, no digamos si no lo son, revela que la persona que hizo el discurso tiene pedigrí integrista al soslayar que el pluralismo de valores es una condición social que admite diferencias esenciales en los distintos modos de vida que expresan creencias contradictorias de la sociedad, sin existir consenso que las obligaciones sean de orden moral y prevalezcan sobre los derechos que protegen intereses diversos. La subordinación pretendida es arbitraria, tomando en cuenta que hay prácticas morales que encarnan diferentes concepciones del bien y el mal, y los derechos son juicios sobre intereses humanos cuyo contenido puede cambiar, desapareciendo unos y surgiendo otros. En las sociedades que piensan diferente con una visión plural de la vida, los valores no se identifican con una ideología ni subordinan los derechos a la moral, siendo oportuno recordar a los detractores del relativismo que cambiar las creencias no cambia las necesidades y que la afirmación de que las prácticas morales son inmunes a la revisión la desvanece la realidad, sin olvidar que al divergir la concepción de los intereses también diverge la de los derechos. Los conflictos de valores existen, rivalizando como sucede con la seguridad en detrimento de la libertad restringiéndola, prevaleciendo el interés social sobre el individual sin admitirlo algunos pensadores radicales sosteniendo que la libertad es absoluta, estableciendo categorías de valores lo que es inadmisible. Es obvio que en la medida que cambian los intereses cambian los derechos y las obligaciones sin que pueda generalizarse que sean de orden moral, por eso el Derecho disciplina el comportamiento del hombre frente a los demás conforme a su naturaleza en lo esencial al ser vida humana objetivada, definición del ilustre maestro Luis Recaséns Siches nacido en Guatemala en 1903. Por su parte, la moral es una conducta personal, íntima, un valor relativo variable que no es eterno al cambiar con el tiempo la noción del bien y del mal, de lo justo y lo injusto. De hecho ha cambiado. Las obligaciones de orden moral son una convicción sin imponerse en una esfera vinculada a la ética, enunciado normativo de carácter general que como conjunto de valores comunes está en la Deontología y la Axiología, –teoría de los deberes y los valores respectivamente–, etcétera.

Lo que dijo el presidente del Congreso se ubica donde corresponde, sin alcanzar el nivel de un misionero del evangelio que en el pasado pretendió establecer una religión política que la realidad sepultó por su fragilidad, desprovista de fundamento y de la trascendencia que presume tener. Los que lo enredaron con incoherencias en un autoengaño monumental, intentan desviar la atención del propósito de afianzar la corrupción como instrumento político sosteniendo el modelo podrido que nos rige, método aplicado en la época de las tinieblas que no funciona gracias a la informática, permitiendo a la sociedad protestar y exigir sus derechos. Sin duda, la angustia los lleva a una fase radical desafiando la política del Tío Samuel practicando un fanatismo propio de la mentalidad obtusa del siglo XIV que los marginará, despreciados por el pópulo que los pondrá en su lugar al entender que nació digno pero no libre, que con miseria la libertad no existe y la conquistará con la convicción de hacerlo hoy o nunca. Una verdad que deben entender y respetar los que creen que es normal burlarse de sus sueños arrebatándole la esperanza de progresar emancipado de la ignorancia, de la injusticia, sin alcanzar el bienestar anhelado y salir de las condiciones lamentables en que vive sin sosiego ni justificación, explicable solo por la codicia y el egoísmo de una elite corrupta que debe ser desalojada del poder y sometida a la justicia. JOYA: una vida vacía, pesa demasiado.