Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Opinión pública

Ni hacen ni dejan hacer.

— Méndez Vides
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En el drama histórico de Shakespeare Enrique V, que desarrolla los acontecimientos antes y después de una batalla en la Guerra de los Cien Años, durante la conquista de Francia, está el pasaje de cuando el rey se disfraza de soldado para mezclarse con la tropa la noche antes del combate, para conocer la opinión pública sobre sus decisiones. En tales tiempos nadie era tan conocido como hoy, así que lo aceptan como igual y lo dejan compartir alrededor de la fogata. Los guerreros tienen miedo, ante la inminencia de la batalla. Uno de ellos pone en duda la causa que llevará a tantos al día siguiente a la muerte, los motivos de su líder. Discute con el rey, sin saber que es él, y acuerdan enfrentarse cuerpo a cuerpo después de la batalla, si sobreviven.

En el drama se basa el poder en el respeto a las cadenas de mando, el seguimiento de las reglas de la jerarquía, porque si cada nivel cuestionara las órdenes superiores con moralismos, pronto vendría el caos y nada funcionaría. Tal y como nos sucede a nosotros, porque en Guatemala todo se discute, cada eslabón quiere imponer su criterio, todos se creen voceros del “pueblo”, de la abstracta “voz de la plaza”, mientras priva la indisciplina, y si no sucede lo que quieren entonces descalifican, rayando en la ausencia de educación y respeto. Lo único a lo que sí nos sujetamos es a la fuerza de la ley de los sellitos y los legalismos, que se imponen con prisión y humillación.

En la actualidad no hay que disfrazarse para enterarse del rumbo de la opinión pública, porque existen medios científicos para intuirla, así como para monitorear las reacciones a la manipulación y la maduración natural de las ideas (porque no se puede subestimar a la población). Fuera de la fiera y ruidosa manifestación de grupúsculos obnubilados, lo que la población demanda es tranquilidad, estabilidad económica (empleo y oportunidad) y seguridad ciudadana, y rechazan la anarquía fundada en moralismos de revista de supermercado.

Las organizaciones negativas que todo lo critican sin argumentación razonable, y que para todo piden “cambio”, reaccionan enfurecidas cuando se anuncia cualquier cambio. No hacen ni dejan hacer; no cambian, pero piden cambios. Si llega a un puesto público un viejo con experiencia, está requetemal, y si llega un millennial, es descalificado por inexperto. ¿Entonces qué quieren? Está muy claro, mandar ellos, que son los mismos de siempre, esencia de los partidos que fracasaron y desaparecieron en nuestra historia reciente.

Lo antiguo no es malo siempre, ni lo nuevo mejor. Hay que mirar hacia delante, delegar en otros, haciéndolos responsables de nuestro porvenir. No importa de qué partido se trate, todos deberían de tener en mente a Guatemala.

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