Domingo 18 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El rincón de Casandra

Kompass versus Casandra

— Jacques Seidner
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El Embajador sueco en Guatemala tuvo la peregrina idea de salir al público señalando lo que todos sabemos: que la corrupción endémica campea en Guatemala, y concluyendo, el diplomático, que la CICIG es el mejor remedio para dicha enfermedad. Cierto o no, –ello no es el tema de esta columna– un embajador acreditado no tiene porqué hacer pública su opinión a través de medios masivos de comunicación, aunque sea esta el reflejo de la de su propio gobierno. Su misión, deber y obligación es transmitirla por las vías adecuadas diplomáticas, y de ningún modo llevarla a la plaza pública del país donde ejerce su misión sobre todo siendo el tema de política criolla.

Es, sin duda, el momento de recordarle al funcionario escandinavo a un notable diplomático francés de finales del siglo XIX que solía afirmar, medio en serio, medio en broma, que no es indispensable ser inteligente para ejercer adecuadamente dicha profesión pero que por el contrario es imprescindible ser cortés… El Embajador francés Berthelot era de reconocida inteligencia pero sin duda también un inveterado guasón. Y estamos claros que existen otras cualidades –aparte de la cortesía– que surgen de la vocación misma de la diplomacia tal como el sentido crítico, el sentido común, y cierto olfato que le permita al Jefe de Misión juzgar con certeza las situaciones y sus actores, para transmitir la información oportuna a su Gobierno con exactitud, sin deformaciones ni florilegios. Además un diplomático deberá ser valiente para comunicarle con “discreción” al gobierno donde se halle acreditado “la verdad” sobre temas sensibles aun locales sin por ello ofenderle ni causarle contratiempos públicos. Pero aun en estas actividades y a pesar de su prudencia activa es posible que el representante deba en ciertas ocasiones enfrentar la indiferencia o el descontento de las autoridades del país donde esté acreditado. En tales casos le será conveniente mantener la sangre fría y recordar las instrucciones de Choiseul, ministro de Luis XV Rex Francorum, a sus embajadores: “El verdadero talento del diplomático es la verdad dicha con fuerza y convicción pero siempre con elegancia”… y con el debido respeto a la población y autoridades que lo acogen, añadiría Casandra.

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