Martes 23 DE Julio DE 2019
Opinión

Nos levantaron sin despertador

De pronto, me di cuenta de que había despertado y todo era cierto.

Fecha de publicación: 16-01-18
Por: estuardo porras zadik

El frío coadyuva a mi confusión en la madrugada del 15 de enero, en la que no logro descifrar si los acontecimientos del fin de semana fueron reales, o una escalofriante pesadilla. Aún bajo un manto oscuro, estiro el brazo para corroborar la hora –rutina que siempre me regala unas cuantas horas más de sueño–, pero al recordar que nuevamente la realidad en Guatemala ha superado a la ficción, despierto súbitamente y consumido por el coraje, la frustración y la impotencia, hago un recuento de los daños.

Como un efecto de sonido en una película de horror, no me es posible sacar de mi mente la frase “las obligaciones son de orden moral, y por eso, son más importantes que los derechos”, la cual fue expresada durante la toma de posesión de la nueva junta directiva del Congreso de la República de Guatemala. Con este tan lamentable estreno, se pone en evidencia que los guatemaltecos estamos al borde de tocar fondo. La tan mencionada “Venezuela” está a la vuelta de la esquina, solo que de la mano de sus profetas y no de la de los supuestos “socialistas”, que han luchado hasta el día de hoy por una Guatemala más justa en la que impere el Estado de derecho. Lamentablemente, con esta retórica de miedo, los pro impunidad han logrado sembrar esta semilla en las mentes de aquellos de pensamiento obtuso y poco educados; aquellos que sin entenderlo permiten que se den las condiciones para perderlo todo. Estos son los que predican que Estados Unidos y el Comisionado Iván Velásquez tienen una agenda “comunista”.

Un pacto de corruptos –en el que convergen los intereses de la ilegalidad y de la impunidad, tradicional y emergente–, dejó por un lado las apariencias, la forma y la vergüenza. Sin mayor recato o decoro, se han puesto al descubierto de la ciudadanía que ilegítimamente representan. Estos son indiscutiblemente poderosos, pero hay que recordar que no cuentan con el apoyo de la mayoría de guatemaltecos, a la cual irresponsablemente ignoran y le faltan el respeto. Una mayoría poco articulada, debido a que en Guatemala jamás habían existido las condiciones que permitiesen un verdadero cambio. Hoy, sí las hay.

Con esta descarada actuación, la alianza pro impunidad nos permite afinar la puntería. Este envalentonado comportamiento, sirve para que las máscaras se caigan de una vez por todas, y sea más fácil articular a una mayoría que aún no se hace sentir. Guatemala está indignada, y la factura será cobrada a quienes hoy descaradamente han puesto en riesgo nuestro futuro. Estos sicarios de la institucionalidad, deben estar seguros que su atrevimiento solo hace que los guantes se caigan y que los que hasta ahora habían optado por la indiferencia, se sumen a la lucha por lo que es correcto.

Con un discurso confeccionado a la medida del pacto, ambos oradores de esta pesadilla de fin de semana instigan a sus “fieles” a renunciar a sentirse intimidados, a dar justificaciones por su actuar, a ofrecer disculpas y a ser tolerantes de calumnias. Según estos: “Llegó el momento de estar indignados, ser intolerantes, políticamente incorrectos; infundiendo determinación y sin ofrecer disculpas ni justificarse”. Palabras fuertes
envalentonadas que nos dejan claro qué podemos esperar.

Ahora bien, con este actuar nos pasamos a otro nivel, con nuevas reglas de juego y muy claros de quién es el contrincante. Por siglos, el cuidado de las formas permitió que aquellos que operan en la ilegalidad y se nutren de la impunidad, cooptaran el Estado y se mantuvieran en el poder, siempre en el anonimato. Hoy, pueden estar seguros que todos sabemos quiénes son y que cuentan con muy pocos aliados. Su desesperación por librarse de la justicia y restaurar la única manera de operar que conocen, los ha hecho vulnerables y pronto caerán. Eso sí, estamos claros que serán capaces de hacer lo que sea, antes de enfrentar a la justicia.