Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Jorge, el niño de la calle (I parte)

La amistad con Jorge surgió debido a que mi papá lo empleaba para que hiciera oficios en la casa

— Eduardo Antonio Velásquez Carrera
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Uno de mis cuatro hijos varones, Martín, que es el tercero, escribió un texto en las redes sociales, con motivo del fallecimiento de uno de los niños de la calle, que comenzaron a poblar los alrededores de las Colonias Utatlán I y Toledo hace algunos años. Ya escribiré sobre el contexto de todo esto que ha ido sucediendo. Hoy le cedo mi espacio para que mis estimados lectores, lea lo que uno de mis retoños escribió.

“Muchos de mis amigos que alguna vez han visitado mi casa saben de quién hablo. En ocasiones solían bromear diciéndome que era mi único cuate de la colonia que tenía, y de hecho, así era. Lamentablemente falleció el sábado de un infarto y fue enterrado ayer. La amistad con Jorge surgió debido a que mi papá lo empleaba para que hiciera oficios en la casa: lavara el carro, barriera el patio, pintara los muros perimetrales, etcétera. George, como le decíamos por cariño varios que le conocíamos, dormía regularmente con los demás “niños de la calle” una cuadra debajo de mi casa en la 31 avenida. Un domingo por la noche quizá unos siete años atrás me mandaron a la tienda y en la esquina de mi casa me lo topé. Estaba algo decaído y le pregunté qué le pasaba y me dijo: “Jessica me vergueó” (Jessica es su esposa y madre de tres hijos). Por ser algo poco común, me reí y me quedé hablando con él. Entre la plática le pregunté su nombre completo y a partir de ahí se abrió, y me contó su historia. Jorge solía vivir con su familia en Mixco hasta que decidió salirse de su casa debido a que sus papás lo agredían físicamente a él y también entre ellos. Fue a dar a un refugio donde fue adoptado por una pareja de militares, donde le fue peor. Abusaban de él, y además, lo obligaban a practicar boxeo. Por lo cual pasó cierta etapa de su infancia con la cara inflamada y moreteada. En la escuela sus compañeros le preguntaban por qué estaba así y por alguna razón prefería excusarse diciendo que se lastimó jugando bici. Escapó de la pareja de militares y regresó con sus papás, el padre había comenzado a vender drogas y le obligó a hacerlo con él, razón por la cual decidió abandonar su casa de nuevo y vivir en la calle. En sus inicios en la calle lo indujeron a asaltar para poder sobrevivir y así fue por un tiempo hasta que un día a una de las personas que asaltó regresó con una pistola a buscarlo. Lo corrió, golpeó y amenazó. Así fue como decidió no volver a robar. Se limitó a pedir dinero y hacer cualquier trabajo que le ofrecieran los vecinos de los lugares donde vivía. Desde que tengo memoria he visto a Jorge entre la colonia Utatlán I y Toledo de la zona 7. Se caracterizaba por tener buen sentido del humor, era chispudo y era normal verlo bromear con las señoras que trabajan en la Pavallier. Además, era muy bueno dibujando y haciendo manualidades. En más de una ocasión nos ayudó a hacer las maquetas que nos pedían en el colegio. Venía a la casa a prestar crayones, hojas e imágenes para poder copiar. Muchos de sus dibujos eran de Dragon Ball, cuando tuvo su primer hijo le tocó cambiar sus dibujos de Goku por Winnie Pooh para agradarlo.

Recuerdo que para algunos partidos de la “U” invitábamos a Jorge al estadio para ir a ver el juego, incluso tenía su camisola. Aunque siempre sospeché que no le gustaba mucho ver fútbol y aceptaba ir con nosotros porque al regreso le pedía jalón a mi papá hacia la zona 3 para poder ir a ver a Jessica, su novia en ese entonces. Jorge era adicto a oler pegamento, como la gran mayoría de niños de la calle, debido a que ayuda a que no sientan hambre. Tras enterarse de que tendría un hijo, él y Jessica dejaron el vicio”.

Continuará…

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