Domingo 22 DE Julio DE 2018
Opinión

Horror climático

Siempre tuvimos el clima a nuestro favor… pero pronto será cosa del pasado.

— Carol Zardetto
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El año recién pasado vimos pasar ante nuestros ojos imágenes devastadoras de imponentes ciclones en el Caribe y dantescos fuegos en la costa Oeste de Estados Unidos. Este año se inaugura con tormentas de nieve y temperaturas polares en algunas zonas del planeta mientras los calores implacables derriten el asfalto en lugares como Australia. Una palabra resume la situación: desequilibrio. Y parece que finalmente vamos a experimentar en toda su magnitud lo que esta palabra significa cuando está vinculada al ecosistema. Para empezar, implica una gigantesca inversión en reparación de los daños. Pero además está la incertidumbre: vuelos cancelados, colegios cerrados, falta de electricidad, inmovilidad. Y esto es solo el principio.

Muchos políticos hacen suyo el discurso de que no existe cambio climático intentando con el ocultamiento de una verdad dura, difícil y aterrorizante, proteger intereses económicos muy claramente definidos. Allí tenemos a Trump que se retiró del Acuerdo de París por quedar bien con su pequeña base de adictos seguidores. El resultado fue un apuntalamiento del pobre compromiso de las naciones europeas, más preocupadas por conservar competitividad en los mercados que en el futuro del planeta. Lo que ocultan los políticos es cuánto dinero tendremos que pagar en reparar los daños en infraestructura vial, edificios, pérdida de bienes etcétera.

Pero el aspecto puramente material de la situación (que pareciera ser lo único que se considera) debería ser una parte mínima de la preocupación. La vida sobre el planeta (tal y como la conocemos) está amenazada y no existe una razón ética de mayor peso para un fuerte compromiso de todos.

Cuando hablamos de ecosistema generalmente no comprendemos su complejidad y vastedad. El sistema que sostiene la vida en el planeta Tierra es intrincado y, por lo tanto, delicado. Los seres humanos vivimos bajo la ilusión de que estamos fuera de ese sistema. La verdad es otra: ni siquiera un segundo podemos vivir sin aire, ni un día sin agua. Dos elementos cuya provisión depende del ecosistema.

Guatemala está destinado a ser uno de los cinco países más afectados por el cambio climático. Eso implica graves daños por desastres naturales, carestía de agua y el cambio en las temperaturas que afectarán los cultivos que sostienen la economía. La roya del café es un ejemplo.

Fuimos conocidos como el país de la eterna primavera. En otras palabras, el clima fue nuestro aliado. Esto está cambiando a pasos acelerados. Si nos ponemos a pensar que nuestro gobierno no puede resolver ni siquiera un asunto simple como la provisión de pasaportes, que muestra alianza sin cuestionamientos a los sectores económicos poderosos los que, a su vez, no tienen ningún compromiso con el país, tenemos un panorama muy desolador.