Jueves 18 DE Enero DE 2018
Opinión

Ya viene el coco

Creer esto, es relegar la auditoria social.

— mario mérida
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La mayoría de guatemaltecos recuerda la advertencia de las abuelas y madres, quienes pretendían asustarnos con que el coco o cacuy –criatura ficticia–, para que nos comportáramos correctamente. Actualmente en nuestro país algunos expertos representan a la embajada de EE. UU y la plaza como el COCO, para ejercer presión o prudencia en la elección de la junta directiva del Congreso y en la designación del próximo (a) Fiscal General, cuyo relevo ha sido convertido en el centro de gravedad de la gobernabilidad, dicho de otra manera: equivocarse es sepultar la democracia y promover la impunidad. Creer esto es relegar la auditoría social y el rol desempeñado por los medios de comunicación, en circunstancia más difícil que el reemplazo de un funcionario. Parece que los expertos olvidaron el imprevisto relevo del doctor Conrado Reyes por la licenciada Claudia Paz y Paz en el M.P. en el gobierno del presidente Colom.

Los esfuerzos por influir en la designación de funcionarios públicos, es una práctica permanente y aceptable, tanto por personas individuales, como de grupos de poder, interés, presión o la comunidad internacional, lo que hace la diferencia son los fines que les induce a competir por la capacidad de influir en los núcleos de poder del Estado (Ejecutivo, Judicial, Legislativo, Corte de Constitucionalidad y M.P.). Dahl, dice al respecto que la influencia es, “una relación entre individuos, grupos, asociaciones, organizaciones, Estados” (Análisis Político Moderno). Pero, cuando el interés por influenciar a quien o quienes están investidos de la autoridad –poder– para decidir, tiene un poder mayor, no es más que coacción para asegurar beneficios particulares en desmedro del bienestar general.

Si bien es válido aceptar, que el deseo de influir en el tomador de decisiones es un acto legítimo, queda establecer si los fines que le guían lo son. Entonces nos preguntamos ¿Quienes buscan el poder? Dahl, cita tres categorías:

1. Quienes aspiran al poder o su capacidad de influir en este, para conseguir el bien colectivo. Estos serán bienvenidos, siempre que percibamos que su interés es auténtico. 2. Aquellos, que buscan el poder o influenciarlo para la persecución deliberada de sus propios intereses. Estos son los más expuestos y por tanto neutralizables. 3. Quienes buscan el poder o su influencia por motivos inconscientes. Estos podrían actuar bien o mal, en la búsqueda de su compensación psicológica.