Sábado 22 DE Septiembre DE 2018
Opinión

Contracción económica

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En 2017, el Producto Interno Bruto (PIB), según estadísticas del Banco de Guatemala (Banguat), aumentó 2.8 por ciento, que equivale al crecimiento poblacional registrado en el mismo año (2.8 por ciento), lo que supone, en términos efectivos, que la economía no creció. En 2016, el PIB aumentó 3.1 por ciento, en 2015 4.1 por ciento y en 2014 4.2 por ciento.

Las remesas familiares aumentaron de US$7.2 millardos (2016) a US$8.2 millardos (2017), equivalente al 14.4 por ciento, en tanto que las reservas monetarias internacionales netas aumentaron de US$9.2 millardos (2016) a US$11.8 millardos (2017), lo que se traduce en un aumento de 28.5 por ciento. Esto último refleja, en parte, la fuerte incidencia de la política cambiaria y monetaria del Banguat para defender el tipo de cambio, que se situó en Q7.33 por US$1.00, y el nivel general de precios. No obstante, la inflación (índice general de precios) aumentó en 5.68 por ciento, lo que, inequívocamente, presionó los precios de los productos de la canasta básica, que trajo como consecuencia el aumento del salario mínimo (3.75 por ciento).

En el sector público, la ejecución presupuestaria fue de 91.8 por ciento, lo que supone que el presupuesto de gasto (Q77.3 millardos) no pudo ser ejecutado en su totalidad. Lo irónico es que el Ministerio de Finanzas Públicas (Minfin) pretendía que el presupuesto de gasto público para el 2018 fuera de Q87.9 millardos (14 por ciento más de lo presupuestado para este año). Menos mal que no fue aprobado por el Congreso. En todo caso, la paralización de la inversión pública en el sector público es elocuente, debido, en gran medida, a la criminalización de la contratación pública. Eso sí, el gasto de funcionamiento se ejecuta a manos llenas, a base de renegociar las condiciones de los pactos colectivos de trabajo, del otorgamiento de bonos a granel y del aumento de gastos superfluos para la alta burocracia. Para esto no importa que la recaudación tributaria sea baja, porque no falta el endeudamiento público. ¡Qué tal!

La carga tributaria sobre el PIB descendió de 10.4 por ciento (2016) a 10.2 por ciento (2017), que, indudablemente, refleja el daño estructural que ha causado y sigue causando el Paquetazo Tributario 2012, la obra maestra de los militantes tributarios, de la cual, al mejor estilo de Pigmalión, están profundamente enamorados. Por otro lado, la brecha de recaudación tributaria fue de Q1.5 millardos, cuyo efecto fue neutralizado por la baja ejecución presupuestaria, pero evidencia la importante contracción económica.

La desaceleración económica se manifiesta también en la mediocre variación interanual (2016-2017) del crédito bancario al sector privado (4.7 por ciento en moneda nacional y 3.4 por ciento en moneda extranjera).

De cualquier manera, el aumento de los precios del petróleo está reflejándose en una mayor demanda de divisas, por lo que la presión sobre el tipo de cambio se aliviará en el corto plazo, aunque incidirá en la inflación. Asimismo, las remesas familiares siguen aumentando aunque las divisas se quedan en el país, por la baja demanda (importaciones), lo que seguirá presionando el tipo de cambio y el índice de precios al consumidor (¿Tulipomanía?), lo que supondrá más esterilización de parte del Banguat. Corre y va de nuevo.

Sin embargo, las remesas familiares son la mayor fuente de divisas del país, cuyo monto es mayor que el importe de las exportaciones en su conjunto, lo que se traduce en mayor consumo. Sin embargo, las remesas familiares no son para siempre ni tampoco aumentarán ilimitadamente. Habrá que observar con suma atención el desarrollo de las políticas migratorias en los EE. UU.

Lamentablemente, las proyecciones económicas para este año tampoco son halagadoras, dada la mediocre actitud de quienes ostentan el poder político, por lo que tendremos que prepararnos para otro lapso de vacas flacas.

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