Martes 20 DE Noviembre DE 2018
Opinión

En arenas movedizas

Muy lejos estamos en esta gestión, de que se cumpla con una evaluación objetiva del rendimiento de las principales figuras de gobierno.

— Manfredo Marroquín
Más noticias que te pueden interesar

Empieza un nuevo año y los propósitos de muchas personas se renuevan y también las metas de instituciones y empresas que buscan cumplir con su misión alcanzando mejores y nuevos resultados. Pero hay otras que, por sus mensajes confusos y señales contradictorias en cuanto a sus propósitos, dejan claro que prefieren navegar por aguas turbulentas y peligrosas.

Es el caso de la cabeza del gobierno que sigue su mismo patrón de conducta, aislada, esquiva sin definir con certeza qué busca y qué pretende. Sus acciones y declaraciones reflejan múltiples agendas contradictorias que contribuyen a generar incertidumbre que afecta no solo el mundo político, pero también y cada vez más a la economía nacional.

Increíblemente ya entra a su tercer año de gobierno y sigue dando pasos de primerizo como refleja la incertidumbre que rodea la elección de la presidencia del Congreso, donde el partido oficial tiene bancada mayoritaria y suficientes grupos satélites para definir el rumbo de ese organismo. Lejos de dar certidumbre, los nombres que barajan para esa posición provocan nerviosismo y decepción, pues parece que siempre optan por personajes cercanos al lado oscuro de lo que ha sido la política nacional, como si se tratase de una competencia para elegir lo peor.

Al acercarse el 14 de enero que es la fecha en que cumple dos años exactos de gestión, crecen las especulaciones sobre la destitución de varios ministros, incluso de aquellos pocos que han tenido un mejor desempeño como el de Gobernación y Finanzas. Al parecer, se les quiere cobrar la factura de haber renunciado cuando el presidente decidió declarar non grato al comisionado Velásquez. Obviamente nadie tiene expectativas que el gabinete pueda mejorar en cuanto a tener mejores ministros, si el premio a los que destacan mejor en su gestión, es salir por la puerta de atrás.

Como ha sido tradición en la política criolla nacional desde tiempos inmemorables, el mandatario confía más en aquellos incondicionales y sobalevas que saben agradar al jefe, aunque su trabajo esté lejos de satisfacer las expectativas y demandas ciudadanas. Muy lejos estamos en esta gestión, de que se cumpla con una evaluación objetiva del rendimiento de las principales figuras de gobierno.

Con un gobierno de estas características lo único seguro y predecible es que sigamos navegando en medio de la tormenta perfecta, en arenas movedizas donde nada tiene un lugar fijo y lo más certero es lo improbable. Las crisis, aunque sean permanentes y agudas como la que experimenta el país desde hace varios años, tienden a quedar sin definir cuando los principales actores y elites del país no terminan de reconocer las causas que están detrás de las mismas y prefieren apostar por un statu quo insostenible.

Al igual que pasa con personas que buscan un nuevo propósito para mejorar su vida, los gobiernos pueden buscar mejorar las condiciones de gobernabilidad, pero son los actos y las acciones las que hablan más y mejor que las palabras y las intenciones, pero en el caso del gobierno actual ni siquiera en el discurso oímos una intención de cambio. Obviamente esto significa que piensa seguir en la ruta de choque con las demandas de una buena parte de la sociedad generando más inestabilidad e incertidumbre con los efectos negativos que esto trae consigo. Pero a diferencia de las personas, los gobiernos arrastran consigo en sus despropósitos a toda una sociedad.

Etiquetas: