Sábado 17 DE Noviembre DE 2018
Opinión

Una meta en común para el 2018

El cambio de modelo que privilegie la construcción, operación y mantenimiento eficiente y transparente de más y mejores carreteras debe ser desde la raíz.

— Carlos Colom
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Estas fechas son propicias para la reflexión y evaluación de lo logrado en el pasado y lo que queda pendiente por hacer en el futuro. Como país, la cantidad de pendientes y retos por delante es grande. Si caemos en el juego de sumar cada uno de estos retos, para luego analizar la posibilidad de superarlos basados en el desempeño del país en los últimos años, es fácil asumir una actitud pesimista y perder la esperanza en el futuro. Sin embargo, es en estos momentos donde es más importante no perder la esperanza y soñar con cambios disruptivos para el país. Cambios que hoy parecen imposibles pero que permitan que en el mediano y largo plazo tengamos una Guatemala mejor y más incluyente, sin olvidar, por supuesto, que hay temas como el combate a la pobreza extrema y la desnutrición infantil que no pueden seguir esperando, y requieren de una atención más decidida desde hoy.

Algo que nos afecta prácticamente a todos los guatemaltecos es la carencia de nuevas carreteras en todo el país, así como la falta de mantenimiento y ampliación de las rutas existentes. Las condiciones bajo las cuales las personas se desplazan, y el tiempo que les toma cubrir la distancia desde la mayoría de comunidades a las cabeceras municipales, para así poder acceder a los mercados, a las escuelas, o a los escasos centros de salud en el área rural, son simplemente inhumanas. Las estadísticas relacionadas a la cantidad de accidentes causados por el mal estado de las carreteras y al tiempo que tienen que pasar miles de guatemaltecos en áreas urbanas para ir y regresar de sus trabajos, debido a los elevados índices de tráfico, son inaceptables. Pero, ¿Qué pasa? ¿Por qué es tan precaria la situación relacionada a la infraestructura vial?

La conclusión parece ser clara: El modelo existente, bajo el cual se rige la construcción y mantenimiento de caminos y carreteras en Guatemala ha fracasado, y no permite construir esta infraestructura vital al ritmo requerido para lograr un verdadero desarrollo en Guatemala, especialmente en el área rural. Las estadísticas no mienten. La evidencia es contundente. El modelo actual ha privilegiado la corrupción, la ineficiencia y la falta de calidad y cantidad de obras de esta naturaleza. Lo anterior amerita una reflexión sobre cómo podemos atacar este problema y tener un panorama más claro hacia futuro. No se trata de buscar culpables, ni de criticar sin proponer. Se trata de reconocer que estamos enfermos con un cáncer grado 3 o 4, y que solo con un tratamiento agresivo y profundo, diseñado a la medida, y probablemente con algunos efectos colaterales, podremos sobrevivir.

El cambio de modelo que privilegie la construcción, operación y mantenimiento eficiente y transparente de más y mejores carreteras debe ser desde la raíz. Debe de ser profundo, con un sentido lógico, incentivando el desarrollo social y económico de los guatemaltecos, con énfasis en lo rural. ¿Quién se puede oponer a esto? ¿Quién no sufre hoy por la falta de carreteras, por el mal estado de las mismas, o por el tráfico cada vez más denso? Este es un problema en común, y la búsqueda de una solución puede unificar al país, al menos en algo. La tarea no se visualiza fácil, pero el impacto positivo para Guatemala amerita el esfuerzo de los que estamos preocupados por el tema y con deseo de soñar, discutir y proponer algo que ayude, al menos en parte, a transformar el país. ¡Esta puede ser una de las grandes metas en común para el año 2018!

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