Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Opinión

¿El fin de los totalitarismos?

El camino al infierno totalitario comienza siempre cuando la línea entre la verdad y la mentira desaparece.

— Roberto Blum
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El nazifascismo parecía haber llegado a su fin en 1945 con la derrota militar de la Alemania nazi y la Italia fascista. Con la implosión de la URSS en 1991 –el otro totalitarismo del siglo veinte– el comunismo soviético también llegó a su fin. Así, el mundo creyó haberse librado para siempre de los dos grandes enemigos totalitarios de la humanidad.

Sin embargo, “las soluciones totalitarias pueden muy bien sobrevivir a la caída de los regímenes totalitarios bajo la forma de fuertes tentaciones, que surgirán allí donde parezca imposible aliviar la miseria política, social o económica en una forma valiosa para el hombre”, afirmaba la filósofa Hannah Arendt en su obra Los orígenes del totalitarismo publicado en 1951.

Arendt continúa advirtiéndonos: “el objeto ideal de la dominación totalitaria no es el nazi convencido o el comunista convencido, sino las personas para quienes ya no existen la distinción entre el hecho y la ficción (es decir, la realidad empírica) y la distinción entre lo verdadero y lo falso (es decir, las normas del pensamiento)”.

El aterrador fenómeno que señala Arendt en el párrafo anterior, sin duda ha venido creciendo en este año que termina mañana. Parece que la línea que separa la realidad empírica de la fantasía y la mentira de la verdad se está difuminando rápidamente. Cada vez es más difícil distinguir los hechos duros y las ficciones generadas constantemente por la máquina creadora de los sueños totalitarios de algunos de los gobernantes actuales.

“Antes de que los líderes de masas se apoderen del poder total para hacer encajar la realidad en sus mentiras, su propaganda se halla caracterizada por su extremado desprecio por los hechos como tales, porque en su opinión los hechos dependen enteramente del poder del hombre que pueda fabricarlos” nos advierte Hannah Arendt.

Tanto Vladimir Putin en la Rusia postsoviética como Donald Trump en los Estados antes Unidos y hoy cada vez más divididos, son expertos en fabricar realidades alternativas, mentiras descaradas, que empañan y
oscurecen la percepción del mundo tal cual es.

El sutil veneno totalitario ha estado siendo administrado este año, día a día, a casi todas las poblaciones del planeta por sus gobernantes y líderes ayudados por las tecnologías de difusión masiva de la desinformación. Si Hitler, Mussolini y Stalin supieron aprovechar la radiodifusión para organizar a las masas populares en movimientos que apoyaron sus proyectos totalitarios, hoy Putin y Trump en Rusia y Estados Unidos, Erdogan y Orbán en Turquía y Hungría y otros gobernantes en nuestro propio continente aprovechan o tratan de aprovechar las ventajas de las redes sociales y la televisión para manipular, engañar y dominar a sus pueblos.

Termina Arendt con una visión verdaderamente infernal del poder que estos gobernantes y líderes con proyectos totalitarios y sus aparatos tecnológicos pueden lograr: “ahora, la Policía sueña con que una mirada al gigantesco mapa en la pared de un despacho baste en cualquier momento dado para determinar quién está relacionado con quién y en qué grado de intimidad, y, teóricamente, este sueño no es irrealizable, aunque su ejecución técnica esté llamada a ser algo difícil. Si este mapa existiera realmente, ningún recuerdo se alzaría en el camino de la reivindicación totalitaria a la dominación. Semejante mapa podría hacer posible borrar a las personas sin dejar rastros, como si nunca hubieran existido”.

El camino al infierno totalitario comienza siempre cuando la línea entre la verdad y la mentira desaparece. Debemos recordar siempre que el Satán es el padre de la mentira y por contraparte, que solo la verdad nos hará libres.

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