Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Opinión

El asunto de Jerusalén

La religión no debería servir para justificar el sufrimiento de los pueblos.

— Carol Zardetto
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Para muchos resulta emocionalmente conmovedor que Jerusalén sea reconocida como capital de Israel. Ven en ello el cumplimiento de una verdad implacable pues viene escrita en la Biblia. Sin embargo, el asunto es demasiado complejo para tomarlo a la ligera. Los judíos volvieron al territorio que hoy ocupa Israel como resultado de la Segunda Guerra Mundial y, ciertamente, Guatemala votó a favor de otorgar un territorio a los judíos desplazados por el antisemitismo que Alemania llevó a su más horrendo extremo.

Pero la sensibilidad de un mundo convulsionado por las tenebrosas realidades de la guerra no pueden ser la base para permitir una nueva atrocidad: la destrucción del pueblo palestino. Jerusalén fue ocupada de manera ilegítima por el ejército israelí y Naciones Unidas condenó esa ocupación. De allí que reconocer como capital de Israel a Jerusalén y trasladar a esa ciudad embajadas es un acto de agresión directo en contra de un pueblo que merece protección y respeto. Y pone en riesgo la posibilidad de una solución pacífica a este espinoso problema que ha sometido a inocentes palestinos a acciones que se parecen mucho a aquellas que la Alemania nazi utilizó para acorralar a los judíos.

La historia moldea la realidad y resulta muy complejo regresar las cosas al estado en que se hallaban en el origen de los tiempos. Si esto fuera viable, todas las tierras en América deberían retornar a los habitantes originarios y sus lugares sagrados deberían ser devueltos. Empecemos por la ciudad de Guatemala, asentada sobre Kaminal Juyú. Hoy existe un popular centro comercial construido sobre sus ruinas. ¿Qué pasaría si se reclamara el retorno de esta propiedad a sus habitantes originarios?

Ahora bien, ¿qué pretende el gobierno de Guatemala con este agudo manotazo en la mesa de la política exterior? Si consideramos que los intereses económicos de más de 300 mil familias de cardamomeros se verán afectados, si consideramos que esta medida nos expone a retaliación en sanciones o ataques de grupos extremistas árabes, sin necesidad alguna, lo único que nos queda es pensar que fue un intento por acercarse al gobierno de Trump. ¿Qué prebendas puede obtener este gobierno de la actual administración norteamericana? ¿Será que lo que buscan es el retiro del apoyo financiero a la CICIG, por ejemplo? En todo caso, se trata de jugar con fuego.

La canciller defendió la medida de una forma muy parca: Guatemala está en uso de su soberanía. El mundo comprendió esta acción justamente como lo contrario. Un país sin capacidad de definir una política exterior acorde a sus intereses, pues actúa en contravención de resoluciones de Naciones Unidas y, de manera irresponsable, nos involucra en una disputa ajena que puede tener para nosotros graves consecuencias.

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