Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

La paz; un proceso largo e incomprendido

Pocos guatemaltecos han reflexionado.

— mario mérida
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La intentona golpista contra el presidente Ydígoras Fuentes (13/11/1960), terminó en la deserción y posterior levantamiento armado; desactivado parcialmente mediante una amnistía (19/12/1960). Este esfuerzo no fue suficiente, los disidentes recibieron apoyo externo en la primera reunión de las “olas” (1967) y retornaron las armas y una ideología hasta su derrota en los años setenta. Cinco años más tarde hicieron pública su presencia con el asesinato del señor Luis Arenas (Quiché. 07/07/1975), este segundo intento finalizó con la firma de la paz (29/12/1996).

Tenía 34 años de edad y 13 años de servicio, cuando inició el proceso de paz en nuestro país durante gobierno del general Humberto Mejía Víctores, Jefe de Estado (1983-86), que apuntaló los esfuerzos del Grupo de Contadora y del canciller Fernando Andrade Díaz-Duran. Por esas fechas acudí a una reunión con el general Mejía y, comenté lo importante que sería la concreción de la paz durante el gobierno militar, pero él lacónicamente respondió… llevará tiempo. Y, así fue, cuando se firmó la paz cumplí 28 años de servicio y tenía 47 años de edad. Dos años después solicite mi retiro del Ejército.

El apoyo al Grupo de Contadora se terminó de fraguar con la declaración de neutralidad en el conflicto centroamericano, seguido de la declinación a participar en las operaciones conjuntas “Ahuas Tara” (13/08/1983), “Ahuas Tara II” (febrero/1984), integrado por Honduras y EE. UU. y “El Granadero I” (abril-junio/1984), El Salvador y Honduras bajo el comando de los EE. UU.

La elección democrática del licenciado Vinicio Cerezo (1986-1991), como presidente y la visión que este tenía acerca del proceso de paz centroamericano fue la base del concepto de “Neutralidad Activa”, génesis de los acuerdos de Esquipulas I y II, que culminó con la reunión en Madrid, España, con la URNG (1987). Al licenciado Cerezo, le siguió el ingeniero Serrano Elías, cuyo aporte inicia con el encuentro de Querétaro (1991) y la mediación de la ONU; su esfuerzo sucumbió con el serranazo (1993). Le sucedió Ramiro de León, quien retomó el proceso con el Acuerdo de Oslo (1994). Después le siguió Álvaro Arzú (1996-2000), que finiquitó y firmó la Paz, en su primer año de gobierno.

La paz no se comprende, porque pocos guatemaltecos han reflexionado acerca de este proceso, visto como un enfrentamiento entre el Ejército y la guerrilla; y no de esta –la guerrilla– con el Estado.

Continuará.

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