Miércoles 19 DE Junio DE 2019
Opinión

Buenos deseos

Que las fuerzas nos acompañen para enfrentar lo que viene.

Fecha de publicación: 23-12-17
Por: Anamaría Cofiño K.

El origen latín de la palabra deseo es desideria, que significa echar en falta un astro, afirma José Antonio Marina en su Diccionario de los sentimientos. Sinónimos comunes son: anhelo, búsqueda, ausencia. Para mí, la palabra deseo y todo lo que implica, como la sexualidad y la imaginación, se relaciona con la espiritualidad. El deseo como búsqueda del bien y la sexualidad como proceso de expresión.

Para los fines de esta columna, reivindico el sentido de posibilidad que tienen los deseos, y los expreso públicamente porque creo que, al resonar con los de otras personas, podrían realizarse. Una plataforma política es una puesta en común de deseos.

Con todo el corazón y a contrapelo de lo que predican los medios masivos, deseo que la sexualidad deje de ser satanizada, considerada dañina, reducida a la reproducción, gobernada por sectas religiosas. Que sea sacada de los armarios y ventilada para el acervo común. Una sexualidad social sana, informada, compartida y gozosa, contribuiría enormemente a erradicar las múltiples violencias que nos aquejan. Obvio que sería simultánea a una transformación estructural de toda la sociedad, para sacudirnos el sistema que nos rige.

Entre feministas, vemos la sexualidad como un aspecto vital de las personas, no solo para los encuentros y el intercambio sexogenital, sino para la construcción de sujetos políticos, capaces de construir propuestas. La sexualidad entonces, sería entendida como un complejo entramado de sentimientos, sensaciones, símbolos, relaciones, espacios y deseos que nos potencian personal y colectivamente, dándonos placer y sentido a la
existencia.

Por ello, insistimos en la necesidad de que la juventud y toda la población tengamos acceso a información fundamentada, a conocimientos sobre nuestros cuerpos y su desarrollo, a saberes que nos faciliten su disfrute. Es fundamental que como sociedad nos liberemos de los cautiverios mentales y corporales, de mandatos y prohibiciones impuestas, y que se promueva, desde la niñez, la sexualidad como un derecho, no como materia para la explotación. Fortalecer la posibilidad de convivir en colectivo como seres sexuados libres, no como objetos de sujeción y posesión.

Otro gran deseo que nos augurio es que logremos congeniar políticamente, es decir, superar viejos prejuicios y contribuir a sentar los cimientos de una Guatemala diversa donde podamos vivir todas las personas en una democracia genuina. Que rompamos este orden corrupto y excluyente que ha abierto más las brechas de desigualdad y descontento. Que la justicia sea una realidad, en su sentido social e histórico, amplio y profundo, de equidad.

Para despedirme en este fin de ciclo, deseo que la enajenación y el consumismo no hagan presas inermes de nosotras, que observemos, analicemos, conversemos, compartamos y gocemos, que tengamos muchas y buenas lecturas que nos hagan pensar y darle rienda suelta a la creatividad. Que la temporada nos nutra para continuar fortaleciendo el deseo colectivo de que Guatemala florezca como territorio de bienestar. Vale la pena hacer el intento.