Sábado 28 DE Marzo DE 2020
Opinión

Unidad

El espíritu de Navidad no puede ser otro que la unidad.

Fecha de publicación: 22-12-17
Por: Carol Zardetto

Las montañas de Tecpán son poderosos monumentos geográficos. Desde sus alturas se divisan hasta nueve de los imponentes volcanes de esa línea rugosa que marca con una cicatriz el mapa de Guatemala. El viento frío nos acercaba con ahínco al fuego de una curiosa celebración: intentábamos darle gracias a los cuatro soles de oscuridad que acompañaron a la humanidad por miles de años. El
quinto sol será de luz.

Agradecer la oscuridad nunca resulta fácil. Menos aún cuando esa oscuridad se deletrea en cosas tan horrendas como la historia de Guatemala. Una historia de conquista, colonialismo, depredación, abuso, genocidio, corrupción. Hablar de luz en esta atmósfera inmunda es como hablar de manjares deleitosos en una alcantarilla pestilente. Yo me resisto. Pero el sabio Tata Juan, con su serena sabiduría me describe uno de los símbolos más interesantes de la cultura Maya: el coyote negro con sus terribles fauces abiertas para comerse el sol. ¿Qué pasa cuando un fiero coyote se come un sol? Para el Tata el mensaje es muy claro: el sol es hiperbólicamente luminoso. Por tanto, cuando un coyote negro intenta comérselo, termina siendo tragado por la luz.

A continuación, el Tata nos explica que bajamos a Xibalbá justamente a eso: a aprender. Y ningún aprendizaje es malo para el alma que viaja en los diversos planos. La lección es una: debemos comprender la unidad justamente aquí, en el lugar del juego de pelota que nos confronta siempre. Unidad en el lugar de la división.

La fastuosidad de las celebraciones navideñas ha dejado de deslumbrarme desde hace varios años. Poco a poco dejé de disfrutar de los rituales: la compra de regalos, decorar un árbol, decorar la casa. No he perdido mi deleite con la comida… no pretendo llegar a tanto. Pero sigo entendiendo el fundamental espíritu que mueve la Navidad y no se distancia de la enseñanza del Tata Juan: la unidad.

El problema no debe quedarse en el plano filosófico. Debe descender al plano de la materialidad cotidiana. Pero, ¿cómo se construye la unidad? Y el asunto se torna particularmente complejo cuando volteamos a ver la realidad de Guatemala. Un país fascinado obsesivamente con la división. Un país enfermo de división. Un país que hurga en todas las posibilidades de eso: dividirse. Es justamente la manera de no encontrar la salida del laberinto. La salida del laberinto está en hallar respuesta al enigma de la unidad.

Después de las fiestas navideñas, del goloso deleite de Año Nuevo, vendrá a revisitarnos la realidad cotidiana de un país en quiebra. Quiebra política, moral, emocional. Un país agotado por la desconfianza, la radical ausencia de valores y compromiso de sus más poderosos representantes, lleno de traiciones y cosas vergonzosas. Lleno de historia oscura. Aun así, la única respuesta será encontrar el camino de la unidad.