Martes 13 DE Noviembre DE 2018
Opinión

La verdadera causa detrás del cierre de la minera

La gente se queja de falta de empleo.

— Méndez Vides
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Recorrer los caminos escarpados del departamento de Jalapa es una experiencia refrescante. Cuestas y curvas peligrosas entre pinadas, con descansos agrícolas, bellos parajes, espacios desolados, y los pequeños pueblos con casas nítidamente pintadas a la orilla del camino. La cabecera departamental tiene las marcas del crecimiento desordenado, pero en los municipios todavía se percibe una aparente tranquilidad. Como Mataquescuintla, donde basta llegar y alojarse en un hotel, para recibir la visita inesperada de un pariente del alcalde investigando el motivo de la presencia extraña. La desconfianza, tipo los días de las dictaduras, proviene de la cercanía de una empresa minera en conflicto con cierto sector social y político. Platican en voz baja, porque el miedo se siente. Nadie quiere tocar el tema, pero solo de eso hablan. Una señora en el mercado culpa a la empresa de Santa Rosa de la abundancia de chuchos desamparados en sus calles. No hay explicación racional. La gente se queja de falta de empleo, porque sus hijos están migrando a España, Estados Unidos, Alemania, porque necesitan trabajar. ¿Pero entonces, por qué se oponen a la industria en las cercanías? Y poco a poco surge la causa, porque no son ellos. Los dueños de terrenos pagan 30 quetzales por medio día a los jornaleros, y se niegan a pagar más. La mina en el municipio vecino elevó el estándar, porque está dando derechos laborales, prestaciones, y eso es pecado para los agricultores tradicionales. Los jornaleros quieren ganar más, y admiran la suerte de quienes encontraron buen empleo, manejan moto y en poco tiempo construyeron casa. Están exigiendo mejores condiciones a los propietarios de la tierra, por lo que estos le declararon la guerra al desarrollo, metiendo en la mente de los jornaleros miedo por la abstracta contaminación futura, y ayudados por una Iglesia que exhorta la conformidad, pregonando que ganar bien es malo, e instando a que no acepten vivir mejor, y se resignen a su condición de pobres. Hombres trabajando por poco, y mujeres en la casa, criando.

Negarle a la población el derecho al trabajo digno, pago justo, beneficios salariales, solo tiene una explicación, la oposición de los agricultores a pagar lo justo a los trabajadores. Así ha ocurrido siempre en Guatemala, y nuestras cortes lo avalan, porque cierran proyectos transformadores y beneficiosos para la población, con tal de mantener contentos a los propietarios de la tierra, para impedir que los trabajadores les exijan mejores condiciones. Y es una lástima, porque a Mataquescuintla solo le hace falta empleo y riqueza para convertirse en otra Suiza.

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